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Estudios demuestran que iniciar terapia de reemplazo hormonal sin evaluar y corregir previamente la salud metabólica puede duplicar las enfermedades cardiovasculares, agravar procesos de inflamación crónica e incluso incrementar el riesgo de cáncer en mujeres.
Durante la transición menopáusica y la mediana edad, muchas mujeres experimentan una caída progresiva de hormonas sexuales como el estrógeno y la progesterona. Ante los síntomas que esto genera —desde bochornos y alteraciones del sueño hasta cambios en el peso y el estado de ánimo—, la terapia hormonal suele percibirse como una solución inmediata. Sin embargo, expertos subrayan que las hormonas no actúan en el vacío.
“Muchas mujeres creen que simplemente reemplazar esas hormonas que disminuyen y se pierden es todo lo necesario para recuperar la salud. Eso no es del todo cierto”, aseguran los especialistas en salud de la perimenopausia y la menopausia y autores del libro “El mito de la menopausia”, Kristin Johnson y Maria Claps.

Hormonas: invitadas que requieren un buen anfitrión
Y es que, de acuerdo con los autores, la terapia hormonal y otras intervenciones médicas deben verse como invitados que llegan a tu casa, es decir, antes de recibirlos, el hogar debe estar en orden. En otras palabras, el cuerpo necesita estar metabólicamente preparado antes —o al menos al mismo tiempo— de iniciar un reemplazo hormonal.
Saltarse este paso puede tener consecuencias importantes para la salud a largo plazo.

¿Qué es la salud metabólica y por qué importa?
Un punto importante en este aspecto es la salud metabólica, la cual se refiere a qué tan eficientemente funciona el proceso del metabolismo.
El metabolismo es el procedimiento mediante el cual las células descomponen los alimentos que comemos y los convierten en energía, pero también busca la homeostasis -la capacidad que tenemos los seres vivos de mantener un entorno interno estable y equilibrado- de todas las reacciones químicas del cuerpo que nos mantienen con vida. Esto incluye no solo producir y utilizar energía, sino también controlar el crecimiento y la reproducción celular, construir nuevos tejidos, descomponer y reparar tejidos antiguos, y eliminar desechos.
Por lo tanto, cuando la salud metabólica es adecuada, el riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2, obesidad, enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer se reduce. Cuando se desregula, el riesgo aumenta de forma silenciosa.
La medicina convencional utiliza cinco parámetros para evaluarla:
1. Circunferencia de cintura menor o igual a 35 pulgadas (89 cm) en mujeres y menor o igual a 40 pulgadas (102 cm) en hombres
2. Glucosa en ayunas menor o igual a 100 mg/dL
3. Presión arterial sistólica menor de 120 mmHg y presión arterial diastólica menor de 80 mmHg
4. Triglicéridos menores de 150 mg/dL
5. Colesterol HDL (bueno) de 50 mg/dL en mujeres y por encima de 40 mg/dL en hombres
Estar fuera de al menos tres de estos criterios se clasifica como síndrome metabólico, una condición asociada a mayor riesgo cardiometabólico y menor esperanza de vida.
No obstante, especialistas advierten que la salud metabólica no es un estado binario, es decir, alguien puede no ser clínicamente obeso, pero si tiene grasa visceral o grasa almacenada profundamente en el abdomen alrededor de sus órganos, no es metabólicamente sano; otra persona puede no tener diabetes tipo 2, pero si presenta oscilaciones grandes o prolongadas de glucosa en sangre después de comer, no es metabólicamente sano.
La prevención es antes del tratamiento
La prevención no comienza con un fármaco, sino con la creación de un entorno biológico saludable. La salud metabólica funciona como un rompecabezas de múltiples piezas —nutrición, sueño, manejo del estrés, actividad física, masa muscular y salud intestinal— cuya solución requiere comprometernos con acciones diarias y consistentes e intencionales para que todas las piezas encajen correctamente.
Cuando una pieza falta o está fuera de lugar, el cuerpo entra en un estado de estrés que favorece enfermedades crónicas, incluido el cáncer.
Nutrición: la palanca más poderosa
Entre todas las herramientas disponibles, la nutrición diaria es el factor con mayor impacto en la salud metabólica. En la mediana edad, la caída hormonal y la pérdida de músculo obligan a replantear la forma de comer. No se trata solo de “comer sano”, sino de comer lo suficiente y lo correcto para preservar músculo, regular la glucosa, reducir inflamación y apoyar al sistema hormonal.
Aunque la solución no es compleja, requiere información clara y un enfoque adaptado a esta etapa de la vida.

La terapia hormonal puede ser una herramienta valiosa, pero solo cuando se acompaña de una evaluación metabólica adecuada y de hábitos que fortalezcan al cuerpo como un todo.
La salud femenina en la mediana edad no depende de una sola intervención, sino de decisiones informadas, oportunas y personalizadas.



