Vitamina D: uno de los micronutrientes más malinterpretados

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La vitamina D es uno de los nutrientes más mencionados en consultas médicas y resultados de laboratorio, pero también uno de los más malinterpretados.

Muchas personas la asocian únicamente con los huesos o piensan que “mientras más, mejor”. La realidad es más matizada: la vitamina D es esencial para la salud, pero su beneficio depende del equilibrio, el contexto y el uso informado.

¿Qué es realmente la vitamina D?

Aunque la llamamos vitamina, la vitamina D funciona en el cuerpo como una hormona. Existen dos formas principales: la vitamina D3 (colecalciferol), que se produce en la piel al exponernos al sol, y la vitamina D2 (ergocalciferol), que proviene de algunas fuentes vegetales y suplementos.

Ambas formas son inicialmente inactivas y deben transformarse en el hígado y luego en el riñón para convertirse en su forma activa, el calcitriol, responsable de regular múltiples funciones del organismo. Por ello, cuando medimos vitamina D en sangre, lo que evaluamos es la 25-hidroxivitamina D.

¿Para qué sirve la vitamina D?

Su función más conocida es facilitar la absorción de calcio y fósforo, fundamentales para mantener huesos fuertes. Sin vitamina D suficiente, los huesos se debilitan y aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas.

¿La alimentación aporta suficiente vitamina D?

En general no. Las principales fuentes naturales son pescados grasos, aceite de hígado de bacalao, yema de huevo y algunos hongos. Por ello, la suplementación es frecuente.

¿Quiénes tienen mayor riesgo de deficiencia?

Personas con poca exposición al sol, adultos mayores, piel oscura, obesidad, enfermedades intestinales, renales o hepáticas, y quienes usan ciertos medicamentos.

¿Qué pasa si la deficiencia no se trata?

La consecuencia más clara es la pérdida de salud ósea. También se ha asociado con otros problemas de salud, aunque la evidencia fuera del hueso aún se investiga.

¿Es segura la vitamina D?

A dosis recomendadas es segura. La toxicidad es rara y suele deberse a automedicación con dosis excesivas.

Reflexión final

La vitamina D es una aliada cuando se usa con criterio. La mejor decisión es individualizar, medir niveles y evitar la automedicación