Estudian tsunamis en costas mexicanas

En Japones ola de puerto, meremotos, tsunami, microorganismo, registros geológicos, Océano Pacífico, granos pesados,
Investigadores del Instituto de Geología

En estudios realizados por los investigadores Priyadarsi Debajyoti Roy, del Instituto de Geología de la UNAM y Elena Centeno, directora de la institución, en conjunto con la Universidad Anna, de la India, se evidencia que siempre se han registrado estos fenómenos “aunque en México apenas si se tienen registros desde hace más de un siglo, en tanto que naciones como Japón los han consignado desde hace más de 500 años”, explica Centeno.

Los tsunamis, palabra que en japonés significa ola de puerto, que también se les conoce como maremotos, son fenómenos frecuentes en el océano Pacífico, principalmente en el sudeste asiático. Son fenómenos que ocurren posteriores a terremotos o movimientos del sedimento marino que provocan grandes olas que de llegar a tierra ocasionan severas catástrofes.

En los estudios realizados por los especialistas mexicanos, se han reconstruido estos eventos mediante la excavación de trincheras en Barra de Potosí, Guerrero, a fin de comprender uno de los tsunamis más recientes que tuvo lugar en 1985, el cual resulta muy interesante “porque aquí encontramos que el primer movimiento importante de tierra, el del 19 de septiembre no produjo estas grandes olas, pero la réplica del día 21 sí”, dice Debajyoti Roy, quien también es profesor de la Facultad de Ciencias.

Lo anterior, añadió, demuestra la importancia de entender la relación entre el origen de un tsunami y el daño que puede causar, en tanto que “al poblado guerrerense no le afectó el oleaje que produjo el primer sismo mucho más potente, y que tuvo su epicentro al norte de Lázaro Cárdenas, Michoacán; la réplica provocó una oleada que penetró medio kilómetro tierra adentro, y se generó frente a Zihuatanejo, lo que marcó la diferencia”.

A fin de comprender a cabalidad lo acontecido, el académico ha investigado la zona no sólo a través de perforaciones, sino también con entrevistas realizadas a lugareños. “Con sus relatos los habitantes nos permitieron saber qué pasó aquel 21 de septiembre, cómo se replegó el mar para luego regresar con olas de cuatro metros que penetraron prácticamente 500 metros tierra adentro, y cómo los 100 pobladores del lugar pudieron huir a sitios elevados, con lo que evitaron pérdidas humanas.

“En esta tarea, las muestras de suelo dicen tanto como las crónicas de los lugareños, pues al analizar los registros geológicos y encontrar ciertos sedimentos como granos pesados, fósiles marinos o bromo, hallamos una huella sumamente detallada que nos indica el momento de un tsunami, hasta dónde llegó, de qué tamaño eran las olas e incluso qué microorganismos traía consigo”, explica.

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