Oxford edita libro de investigador mexicano

Durante más de veinte siglos, la capacidad de razonar en el ser humano fue atribuido a un “espíritu del ánima o alma”. Un investigador mexicano nos explica a través de este libro editado por la Universidad de Oxford, cómo se construye el conocimiento. Foto: Cinvestav.

Durante más de veinte siglos, la capacidad de razonar en el ser humano fue atribuido a un “espíritu del ánima o alma”. Un investigador mexicano nos explica a través de este libro editado por la Universidad de Oxford, cómo se construye el conocimiento.

El mecanismo de comunicación interna en el sistema nervioso controla la operación de todo el organismo y le permite adaptarse rápidamente a las condiciones variantesdel ambiente, lo que constituye una capacidad exclusiva de los animales por medio de la cual pueden darse cuenta y percibir lo que ocurre a su alrededor y responder con movimientos, que a veces nos parecen verdaderas proezas, explicó Eugenio Frixione Garduño, investigador del Cinvestav.

Con motivo de la reciente publicación de su libro The Animal Spirit Doctrine and the Origins of Neurophysiology, escrito en coautoría con Christopher Smith, Stanley Finger y William Clower, y editado por la Oxford University Press, el investigador de la Sección de Metodología y Teoría de la Ciencia, sostuvo que en el humano dicho mecanismo permite además la capacidad de razonar.

Sin embargo, recordó que durante más de veinte siglos, este mecanismo en el humano, fue atribuido a un “espíritu del ánima o alma” (spiritus animalis), cierto mensajero misterioso e invisible que avisa al instante de las sensaciones y comanda la ejecución de todas las acciones por los músculos.

Frixione precisó que este libro es producto de una investigación histórica sobre la progresión de ideas acerca del impulso nervioso, cuya información se encuentra distribuida en 15 capítulos distribuidos en 5 secciones, con apoyo pormenorizado en una abundante bibliografía de fuentes primarias y secundarias, muchas de ellas poco conocidas.

El libro que cuenta con numerosas ilustraciones, algunas de las cuales fueron preparadas especialmente para este volumen, presenta un recorrido detallado a través de la evolución de la neurofisiología, desde el mundo antiguo hasta que en el siglo XX se llegó a la descripción definitiva del mecanismo de propagación de la información nerviosa.

El libro que cuenta con numerosas ilustraciones, algunas de las cuales fueron preparadas especialmente para este volumen, presenta un recorrido detallado a través de la evolución de la neurofisiología, desde el mundo antiguo hasta que en el siglo XX se llegó a la descripción definitiva del mecanismo de propagación de la información nerviosa. Foto cortesía del Cinvestav.

El conocimiento de que los nervios son los conductos de un sutil y velocísimo mensajero data del siglo III a.C., cuando en Alejandría se comprendió que estas largas estructuras trasportan la información sensorial y motora; la gran discusión desde entonces fue siempre cuál sería el vehículo informativo que fluye a través de los nervios. Hoy se sabe que se trata de un impulso eléctrico.

“Durante la mayor parte de la historia diversos enfoques explicaban que el mecanismo sería mediado por un ‘espíritu del alma’ en los seres humanos y en los animales también, dado que los animales responden igual que los humanos ante muchos estímulos; sin embargo, algunos filósofos cristianos pensaban que los animales tenían un alma pero no un espíritu, y ahí estuvo buena parte de la discusión”, señaló Frixione.

A raíz de los hallazgos de Luigi Galvani en las dos últimas décadas del siglo XVIII, durante el siglo XIX se inició un cambio de paradigma que finalmente dio lugar al actual modelo bioeléctrico del funcionamiento de los nervios.

En 1940 Alan L. Hodgkin y Andrew F. Huxley descubrieron los principios generales del verdadero mecanismo, para 1952 habían obtenido sus descripciones matemáticas, y en 1963 compartieron por ello el Premio Nobel en Fisiología y Medicina con John C. Eccles, quien por su parte hizo notables contribuciones acerca de los mecanismos del paso de información entre células nerviosas.

“Se identificó entonces el mecanismo básico pero no se sabía aún cuáles pudieran ser las moléculas que participan en él; por consiguiente,toda la investigación posterior ha estado enfocada a definir cómo son, dónde se encuentran y cómo funcionan las proteínas involucradas en dicho mecanismo, y todavía hoy se sigue trabajando en esto”, señaló el investigador.

Este libro ofrece por primera vez una reconstrucción paso a paso de esta prolongada e importante conquista científica, donde se examina todo el concepto explorando sus antecedentes, las creencias y los diversos enfoques que se han desarrollado. “La historia de la ciencia nos enseña de qué manera el pensamiento de los grandes teóricos se ha venido organizando, y ésta es la forma de aprender cómo se construye el conocimiento”, señaló Eugenio Frixione.

La investigación del sistema nervioso constituye un desafío especial, porque implica entendernos a nosotros mismos, es decir, brinda la posibilidad de que el cerebro más evolucionado que conocemos llegue a entenderse a sí mismo.

Esto es lo más íntimo que tiene el ser humano y tal vez su último gran reto, porque todavía hoy este órgano asombroso es una de las partes anatómicas menos comprendidas y sin duda la que reviste más interés para la reflexión filosófica.

Fuente: Cinvestav.

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