Emprender a los 50: una etapa de poder

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A los 50, una mujer ya sabe lo que cuesta levantarse. Ha vivido duelos, pérdidas, crisis, cambios y transformaciones. Ha aprendido a sostenerse y a sostener a otros.

Emprender en esta etapa es una decisión profundamente consciente. Es entender que todavía hay mucho por crear, por construir y por compartir desde una de las etapas más poderosas, conscientes y plenas en la vida de una mujer.

A esa edad se suman la experiencia, la intuición, la resiliencia y una claridad profunda sobre lo que se quiere —y también sobre lo que ya no se está dispuesta a tolerar—.

Hoy más que nunca, miles de mujeres están rompiendo con el mito de que el emprendimiento es solo para jóvenes. Por el contrario, muchas están encontrando en esta etapa una oportunidad para reinventarse, generar independencia económica y construir proyectos con propósito.

Rosy Salas. Fue entonces cuando entendió que no bastaba con tener una carrera: había que construir una fuente de ingresos sostenible.

Una de esas historias es la de Rosy Salas, presidenta de la Asociación de Intermediarios Mexicanos Especialistas de Bienes Raíces (AIME), una organización que agrupa a profesionales certificados del sector inmobiliario y que hoy se ha convertido en una red sólida de colaboración, capacitación y respaldo legal para sus clientes.

Su trayectoria refleja con claridad lo que significa emprender desde la experiencia y la determinación.

Emprender desde la necesidad… y desde la vocación

Rosy es licenciada en Derecho, madre de dos hijos y empresaria inmobiliaria. Su entrada al mundo de bienes raíces no fue casual. Llegó buscando un modelo de trabajo que le permitiera criar a sus hijos, administrar su tiempo y, al mismo tiempo, generar ingresos.

Su historia también incluye un divorcio, la crianza de hijos pequeños y la responsabilidad económica completa del hogar. Fue entonces cuando entendió que no bastaba con tener una carrera: había que construir una fuente de ingresos sostenible.

El sector inmobiliario le permitió algo fundamental: ser dueña de su tiempo, de sus decisiones y de su crecimiento profesional.

El camino no fue sencillo. Durante años, tuvo que enfrentarse a un entorno en el que se desconfiaba del liderazgo femenino. Incluso llegó a presentarse ante clientes respaldada por figuras masculinas porque entendió que, en muchos espacios, la autoridad todavía se asociaba con un varón.

Pero eso cambió. La capacitación, la certificación y la convicción en su propio valor profesional le dieron la seguridad para ocupar su lugar sin pedir permiso.

El valor de creer en una misma

Uno de los pilares de AIME es la certificación profesional. Aunque en México, la ley a nivel federal no obliga a los intermediarios inmobiliarios a certificarse, la Asociación decidió hacerlo para ofrecer certeza jurídica, transparencia y profesionalismo a sus clientes.

Y ese mismo principio aplica para la vida: invertir en una misma, capacitarse, profesionalizarse y reconocer el propio valor transforma por completo la forma en que el mundo nos mira.

“Cuando tú sabes el valor que tienes, los demás lo sienten. Lo proyectas, lo emanas”, afirma Rosy.

Hoy, AIME es una red que integra no solo a intermediarios inmobiliarios, sino también a especialistas en seguros, créditos, fianzas, remates bancarios, administración condominal, trámites notariales e inversiones. Un ecosistema que demuestra que cuando las mujeres se organizan, se apoyan y se capacitan, crean estructuras sólidas y sostenibles.

Aprender a no ponernos el pie

Uno de los temas más delicados que Rosy aborda es la competencia entre mujeres. Reconoce que muchas veces somos nosotras mismas quienes nos frenamos por miedo, inseguridad o desconocimiento de nuestra propia fuerza.

“Cuando las mujeres entendamos nuestra fuerza, nuestra resiliencia, nuestro poder, entonces les vamos a abrir las puertas a las demás”, afirma.

Porque muchas son madres, muchas son abuelas, muchas tienen hijas y nietas. Y el verdadero legado no está solo en el éxito personal, sino en allanar el camino para las que vienen detrás.

Como bien dice Rosy Salas:

“El poder viene de adentro. Dense tiempo para el duelo, pero después para arriba y para adelante. Porque para atrás, ni para agarrar vuelo”.

Y quizás ahí esté la verdadera enseñanza: cuando una mujer se reconoce poderosa, no solo transforma su vida. Abre puertas. Construye caminos. Y deja huella.

“Pago por cliente referido”

En entrevista para “Plenilunia”, la presidenta de AIME también nos habló de su programa “Pago por cliente referido”, a través del cual encontraron una forma de acercarse a las mujeres para que generen dinero desde la comodidad de su casa.

“El cliente referido es aquel que conoces como familia, como amistad, como compañero de trabajo y tiene la necesidad inmobiliaria. Entonces tú nos dices: mi amiga tal quiere vender su casa o mi hermana necesita un arrendamiento. Al momento del cierre, por el solo hecho de referirnos al cliente, cuando ya terminamos la operación ganas y ganas dinero”, explicó Rosy Salas.

Carolina Velasco, secretaria de la Asociación de Intermediarios Mexicanos Especialistas de Bienes Raíces (AIME)

Para Caro Velasco, llegar a los 50 no significa detenerse. Al contrario, para muchas mujeres esta etapa representa un momento de claridad, fortaleza emocional y valentía para comenzar nuevos proyectos. Emprender a esta edad no solo es posible, sino profundamente transformador.

Carolina Velasco, secretaria de la Asociación de Intermediarios Mexicanos Especialistas de Bienes Raíces (AIME), encontró en el sector inmobiliario una oportunidad para reinventarse profesionalmente, aun cuando su formación original estaba en un campo completamente distinto.

Carolina Velasco, secretaria de la Asociación de Intermediarios Mexicanos Especialistas de Bienes Raíces (AIME), encontró en el sector inmobiliario una oportunidad para reinventarse profesionalmente.

Caro es técnico en aplicaciones de cómputo, pero hace cinco años decidió incursionar en el mundo inmobiliario. Comenzó trabajando en un desarrollo, donde descubrió que más allá de vender propiedades, este sector consiste en acompañar, orientar y generar confianza en las personas que están por tomar una de las decisiones más importantes de su vida: invertir en su patrimonio.

Convencida de que la preparación es clave, decidió certificarse como profesional inmobiliaria. Estudió, se capacitó y se profesionalizó para ofrecer a sus clientes información clara, transparente y legal, y así evitar fraudes y malas decisiones.

“Nosotros somos guías. El cliente confía en ti al cien por ciento y tú le transmites la seguridad de que está haciendo una inversión correcta”, explica.

Para Caro, abrirse camino no ha sido sencillo, pero cree firmemente que cada puerta que se cierra es una oportunidad para algo mejor. Su filosofía es clara: soltar, avanzar y confiar en que siempre hay una nueva posibilidad esperando.

Hoy forma parte de una asociación que impulsa la capacitación constante, con programas y foros sobre comercialización, administración en condominio, avalúos, gestiones y adjudicaciones, demostrando que nunca es tarde para aprender, crecer y emprender.

Emprender después de los 50 es atreverse a creer en una misma, reconocer la experiencia acumulada y convertirla en una herramienta de éxito. Porque cuando una mujer decide reinventarse, no solo transforma su vida: abre el camino para muchas más.