¿Cómo salir adelante de las situaciones difíciles?

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Situaciones estresantes

La locura es intentar las mismas cosas una y otra vez, esperando resultados distintos”

–A. Einstein.

Cada uno de nosotros, sin duda, hemos estado más de una vez ante situaciones estresantes y/o difíciles de resolver, y lo más probable es que en alguna ocasión hemos dudado si podremos o no salir de ella y superarla. Esto ocurre cuando el problema que tenemos enfrente parece demasiado grande, complicado y abrumador, y sentimos que rebasa nuestra capacidad para resolverla, lo cual nos puede hacer sentir angustiados, derrotados, enojados y hasta vacíos.

Las situaciones que menciono pueden ser muy variadas: Terminar una relación de pareja, enfrentarse a la crisis económica, sufrir la muerte de un ser querido, discutir con los padres, los hijos o la pareja, vivir un desastre natural, entre muchas otras. Por otro lado, existen otro tipo de circunstancias, positivas en apariencia, que también nos harán sentir abrumados y estresados, como tener un hijo o ascender en el trabajo.

También es posible que no sea un sólo evento importante el que ocurra sino una combinación de varios, que en su conjunto, nos rebasen y nos parezcan imposibles de afrontar. Lo que unas y otras tienen en común es la sensación de que son demasiado complicadas, demasiado graves o demasiado añejas y, sobre todo, de que seremos incapaces de lidiar con ellas y “no morir en el intento”.

Este tema me hizo pensar sobre un antiguo cuento popular. La historia habla de un Rey que posee un anillo muy valioso y desea escribir en él un mensaje que lo ayude en tiempos de desesperación. Después de consultar a sabios y eruditos, quienes no pudieron con el encargo, uno de sus sirvientes más antiguos le da el mensaje que busca con la condición de que no lo lea hasta que se encuentre en un momento verdaderamente difícil. Poco tiempo después ese momento llega, el Rey lee el mensaje que dice “Esto también pasará”. Efectivamente, esta inscripción ayudó al rey a sentir paz y a poder afrontar a sus enemigos. En ese instante, el viejo sirviente le pidió que también ahora, en una situación victoriosa y satisfactoria, era adecuado leer el mensaje del anillo: “Esto también pasará”.

En pocas palabras, esta historia nos quiere decir que “no hay mal que dure mil años”. Suena fácil… Sin embargo, creo que vale la pena pensar sobre el por qué se nos hace tan difícil salir adelante, cambiar la situación en la que estamos, sentirnos distintos; en otras palabras, qué es lo que nos mantiene en esta situación y qué nos impide movernos de ahí.

Muchas veces adjudicamos esta falta de posibilidades a causas puramente externas, es decir a la gente que nos rodea, a una situación en concreto…; esto no hace más que confirmar nuestra teoría de que “no hay nada que yo pueda hacer”. No obstante, con esto evitamos pensar en los factores internos que también están involucrados. Por ejemplo: Culpo de mi soledad a mi pareja que me dejó, pero no tomo en cuenta que tal vez permanezco solo o sola por miedo a fracasar de nuevo. En este ejemplo pretendo mostrar cómo, ante este tipo de situaciones, una parte de mí quiere cambiar, mejorar (encontrar pareja, por ejemplo), mientras que otra parte de mí mismo se resiste, se aferra a mantenerse igual y prefiere “malo conocido, que bueno por conocer”.

Otra de las causas que nos impiden salir adelante es haber vivido con estas circunstancias difíciles durante mucho tiempo, quizás durante “toda la vida”; por lo tanto sentimos que “así es”, que “así soy”, que “así son las cosas”. Por otro lado, al mismo tiempo puede existir la creencia de no merecer o no poder aspirar a nada mejor. Estos son sólo algunos de los motivos que pueden estar interactuando y, por supuesto, pueden existir muchas más.

Pero, ¿cómo salir adelante? Una manera de hacerlo sería buscando ayuda; tanto de una persona cercana como de un profesional. Por ejemplo, cuando una persona siente una presión muy grande o una tristeza muy profunda, acudir a un espacio de terapia emocional puede ser muy útil. Esto probablemente contribuya no sólo a resolver un problema, sino también a analizar los factores tanto externos como internos que nos han llevado a estar en esa situación y a permanecer en ella.

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