Relación entre el estrés y la depresión

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Estrés y depresión

Estudios recientes señalan que a nivel mundial, una de cada cuatro personas sufre de estrés, y que en las grandes metrópolis este índice es superior al 50%. Asimismo, se calcula que al menos una de cada 10 personas sufre de depresión, y en las ciudades esta cantidad se eleva a 3 de cada 10 habitantes.

Estas cifras nos pueden hacer pensar que existe una relación entre estos dos estados emocionales, pero antes de sacar conclusiones apresuradas, conviene examinar más de cerca en qué consisten exactamente estos padecimientos.

La depresión es, en términos generales, un estado afectivo de gran tristeza que puede ser transitorio o permanente. Una persona deprimida ve muy limitada su capacidad para disfrutar de la vida, suele aumentar o disminuir de peso sin razón aparente, y come o duerme demasiado o demasiado poco. Asimismo, se siente irritable, puede llegar a pensar en el suicidio, tiene baja autoestima y dificultad para concentrarse y relacionarse con otras personas. Todo esto ocasiona que se vean afectadas todas las áreas de su vida: el trabajo, la escuela, la familia y la pareja.

El estrés, en cambio, es una respuesta inmediata y natural del cuerpo, que al sentirse amenazado o demandado, utiliza diferentes mecanismos de defensa. En este sentido, el estrés es una forma de supervivencia, que hoy en día y debido al estilo de vida que la mayoría de las personas llevan, se hipertrofia y puede llegar a convertirse en una enfermedad. Frente a una amenaza del mundo exterior o interior, el cuerpo reacciona liberando adrelanina, aumentando la cantidad de glucosa en la sangre y de aquellos factores que protegen el sistema inmunológico. Estas reacciones son naturales y nos permiten enfrentar dichas amenazas. Sin embargo, las demandas que nuestro entorno y que nosotros mismos nos imponemos, provocan que este estado de alerta se sostenga por periodos de tiempo prolongados, lo cual puede ocasionar diversas enfermedades como insomnio, trastornos de ansiedad, dolores musculares, trastornos en la atención y hasta depresión.

Podemos decir que el estrés es una reacción natural que se localiza en el cerebro, ya que éste es quien se encarga de reconocer los estresores y de mandar las respuestas fisiológicas para enfrentar las amenazas. La intensidad de estas respuestas puede influir en los estados de ánimo de las personas. La depresión, por su lado, es más un estado anímico que puede llegar a alterar las funciones fisiológicas normales de los individuos. Por ello se suelen confundir muchas veces, estrés y depresión. Y si bien es cierto que el estrés puede llevar a la depresión y que la depresión puede provocar estrés, no todas las depresiones tienen su origen en estados de estrés y no siempre el estrés es resultado de una depresión.

Una presión demasiado fuerte en el área laboral puede tener repercusiones en la vida sentimental de una pareja, llegar a deteriorarla y ocasionar sentimientos de improductividad, tristeza, baja autoestima y hasta depresión. Un estado depresivo del que no se puede salir, puede llevar a las personas a desesperarse y a estresarse por esa misma imposibilidad. Sin embargo, se admite de manera general que un estrés persistente e intenso aumenta los riesgos de caer en una depresión.

Las curas para estas dos enfermedades son bastante distintas, por lo que es recomendable buscar ayuda profesional para poder determinar por un lado si lo que uno sufre es estrés o depresión y, de esta manera, poder identificar las situaciones y circunstancias que nos llevaron a uno u otro padecimiento. Es necesario atender a tiempo estas enfermedades ya que pueden tener repercusiones graves en el estado de salud de las personas, como ataques cardíacos, incremento en los niveles de colesterol, o desequilibrios en el sistema inmunológico y hormonal.

Para evitar que cualquiera de estas dos situaciones afecte nuestra vida cotidiana es importante detectar qué es lo que nos provoca estrés, cuál es el motivo y evitar que estas situaciones se salgan de nuestro control. Tratar de llevar una vida sana puede también ser de gran ayuda: alimentarse sanamente, dejar de fumar, evitar las bebidas alcohólicas, hacer ejercicio, aprender a relajarse y a descansar. Incrementar los niveles de serotonina en nuestro cerebro, ayuda a nuestro sistema inmunológico y nos permite apreciar las cosas con cierto grado de objetividad lo cual nos permite, a su vez, ser mucho más fuertes ante la presión externa e interna y analizar nuestra vida emocional con más parcialidad. Todo ello nos puede colocar en una situación más favorable ante los riesgos de sufrir de estrés o de caer en una depresión.

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