¿Cuándo es buen momento para ser mamá?

¿Cuándo es buen momento para ser mamá? Y qué tal que no quiero, ¿eso me hace mala persona? O si quiero pero ahorita no, hasta que concluya una carrera, la ejerza y tenga éxito profesional; viaje, me divierta, tenga estabilidad con mi pareja, etc, etc. Para esto ya pasan de los 30 y en lo que menos estoy pensando es en el reloj biológico.

Mujer sentada en cama observando prueba de embarazo al fondo un hombre cabizbajo

En la actualidad, una mujer de 30 tiene demasiados proyectos que en algunos casos la alejan de su lado maternal al involucrarse con sus metas y la manera en la que las cumplirá. Situación que antes era impensable.

Décadas atrás una mujer de 30 años era toda una señora ama de casa que al menos ya había tenido 3 hijos. Hoy, las mujeres europeas –y ahora también las mexicanas-consideran que a esta edad inician a materializar sus sueños y que aún les falta mucho por vivir, así que el tema hijos no pasa por sus mentes y menos es una prioridad.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando el tic tac biológico les hace ruido a algunas mujeres que desean ser madres por ahí de los 37-38 años? O que al paso del tiempo se dan cuenta que quieren ser mamás y deciden con la pareja que ahora sí están preparados.

Pasa que se dejan los métodos anticonceptivos en el buró para buscar a ese bebé y después de 6 meses o un año, ese bebé no llega. Pasa que el estrés, las culpas, el arrepentimiento y un torbellino de emociones invaden a esas parejas. Sumado claro por la presión de las familias, ¿cuándo nos van a hacer abuelos?; o por la comparativa con otras parejas que ellos de tan solo intentar una vez (como por arte de magia) quedan embarazados.

Y es que con tantas historias de adolescentes que se embarazan a la primera, ¿qué tan complicado puede ser después de los 35? Creo que no se nos avisó que sí es poquito difícil, más si no conocemos nuestro nivel de fertilidad ya que asumimos que por ser mujeres, obvio podemos tener hijos.

Y de aquí en adelante la carrera da inicio… exámenes médicos para ambos, tratamientos que van desde los más sencillos hasta los más dolorosos y metódicos que exigen el minuto exacto para tener relaciones sexuales; incertidumbre y altos costos por cada intento de inseminación; desesperanza ante las resultados negativos. Más exámenes. Métodos alternativos como meditaciones, cuarzos, limpias, tés, posturas durante el sexo para que “sí pegue”. Presiones. Más costos, más desgaste entre la pareja y de pronto:

Camino A – si llega un bebé a casa ¡¿valió la pena todo el sacrificio!? Y lo celebro pero también lo cuestiono porque casi siempre nos enfocamos en la mujer, en su deseo de ser madre, en lo feliz que está al tener a su hijo en brazos. Pero ¿qué siente el papá?, ¿cómo les afecta a su vida en pareja? Generalmente son dejados a un lado, al fin ya cubrieron con su cuota de esperma o con su labor de proveedor. Ya después regresa esa atención, pero mientras no deberíamos ser tan egoístas.

Camino B – ese bebé no llega. Y aquí otra intersección. Los expertos dicen que en la mayoría de los casos estas parejas se unen mucho más y deciden permanecer juntos por el cariño que se tienen y por el proyecto de vida que inicialmente se plantearon. Sin embargo, hay un porcentaje que aunque es menor, donde las parejas se separan debido a las culpas mutuas de no lograr un embarazo. La pareja señala al otro como responsable de la infertilidad, por lo que se disuelve el matrimonio.

Sea cual sea de las causas de la infertilidad, recordemos que este proyecto de estar en pareja es una decisión individual que se transforma en un compromiso mutuo donde todas las decisiones deberían hablarse entre los dos para que, sin importar el resultado, se avance rumbo al mismo camino. La felicidad de ambos.

Imagen cortesía de Wavebreakmedia


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Escrito por

Comunicóloga, cinefila, escritora en potencia, hermana mayor de tiempo completo.

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