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«Si uno sabe cómo se mueven los vasos sanguíneos hacia el tumor y conoce que adoptan la forma de un solitón, controlando el movimiento de esta onda se puede conseguir retardar su crecimiento o hacer que los vasos sanguíneos no lleguen al tumor y no lo puedan alimentar«, explica el director del Instituto Gregorio Millán Barbany de la UC3M, Luis L. Bonilla, que ha desarrollado esta investigación junto a sus colegas Manuel Carretero y Filippo Terragni de la Universidad.















