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Ella, a sus 17 años, es como muchas adolescentes, intensa, alegre, ama a sus mejores amigos y está metida en su laptop a cada rato. Pero a diferencia de otros jóvenes, ella pasa la mayor parte del tiempo en el hospital porque vive con fibrosis quística pulmonar, una de las enfermedades genéticas más graves y frecuentes en niños, que les ocasiona constante mucosidad y riesgo de infecciones que les pueden llevar a la muerte.















