EL OLVIDO

En la vida diaria, todas las personas estamos en contacto con diversas situaciones, personas, objetos, palabras, números y demás estímulos que percibimos a través de cada uno de nuestros sentidos; sin embargo, aunque tengamos una memoria extraordinariamente desarrollada y creamos que “nada se nos escapa”, es casi imposible recordar cada una de estas percepciones y vivencias diarias, y es en este contexto que hablamos de lo que comúnmente llamamos olvido.

El olvido puede darse de diferentes formas y en diferentes circunstancias, ya que puede ser de algo que ya sucedió o también de algo que está por suceder, pero ambas situaciones están presentes en algún momento de la vida de cada persona, desde su nacimiento hasta su muerte.

De esta forma, también debemos pensar en que hay situaciones que favorecen estos olvidos, empezando por las físicas, en donde por algún golpe fuerte en la cabeza, un desmayo o enfermedades como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la demencia senil y el Alzheimer entre otras, se presentan episodios en donde se olvidan con facilidad los eventos vividos o futuros.

Otra situación que favorece esta deficiencia en la memoria está ligado al estado emocional, con esto me refiero a aquellas personas que se encuentran bajo una vida muy acelerada, con poco descanso y bajo situaciones de mucho estrés. Este tipo de personas se dan muy poco tiempo para percibir realmente las cosas que están a su alrededor y al no percibirlas o permitirle a la mente asimilarlas, resulta también complicado recordarlas. Un ejemplo de ello es cuando el esposo se encuentra con una gran carga de trabajo y un nivel de estrés alto, y olvida con facilidad las fechas de cumpleaños, aniversarios y otros eventos importantes, ya que quizá, ni siquiera ha tenido el tiempo necesario para visualizar la fecha de hoy y poder asociarla con estos eventos importantes para él y sus seres queridos.

Por otra parte, hay otro agente biológico que favorece la presencia de olvidos con mayor o menor frecuencia, como es la edad y sus diferentes procesos. En estos casos vemos que el proceso mental para que un bebé pueda recordar y aprender ciertas cosas requiere de tiempo y de una maduración del Sistema Nervioso, además de que en los bebés se da un mecanismo especial de protección, es decir, pueden estar en una fiesta o con mucho ruido y aún así permanecer dormidos, esto es porque crean una barrera contra los estímulos, en donde pareciera que no perciben todos los que hay en el ambiente, sólo los necesarios para su supervivencia y desarrollo, los demás los olvida.

Asimismo, los adultos mayores con frecuencia no recuerdan las cosas o situaciones recientes; sin embargo, estos olvidos se asocian regularmente con algunas enfermedades y procesos de la edad como la Demencia Senil, el Alzheimer, la disminución de la vista, de la audición y de otras funciones neurológicas y físicas.

El tercer factor que desencadena los olvidos es el psicológico o emocional, que podría relacionarse con el primer desencadenante que hablábamos; sin embargo, este factor en particular tiene que ver con emociones o situaciones de los cuales, normalmente, no nos damos cuenta y que son más profundas, pero que por medio del olvido, estamos expresándolas. Este tipo de olvidos se dan con mucha frecuencia ante situaciones que antes no sucedían y por razones que no entendemos y, comúnmente, protegen a la persona de situaciones que le costaría mucho trabajo asimilar y manejar. En este sentido, es común que cuando una persona choca o sufre un asalto, durante cierto tiempo o, incluso, ya nunca logra recordar partes de ese evento que le resultó tan desagradable.

Finalmente, cabe mencionar que los olvidos están presentes en la vida de toda la gente; no obstante, debemos reconocer el tipo de olvido que se presenta, ya que cada uno de estos podría tener soluciones que van desde el apuntar cada una de las cosas que tenemos que hacer, tomar un medicamento específico o asistir a un tratamiento psicológico profundo, como el psicoanálisis, para conocer el motivo y poder resolver el trauma que posiblemente haya generado dicho evento.



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