¿Cómo superar la pérdida de un hijo?

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Tristeza

Lleva tiempo construir sueños; enamorarnos, casarnos, tener hijos, verlos crecer, consentir a los nietos… La idea que todos tenemos es morir después de vivir un poco de esto, y por más que queramos no siempre es así. Se dice que el dolor más grande para una madre es la pérdida de un hijo, sin importar el tiempo que convivió con él. Hay que entender que la vida es caprichosa y nos presenta lecciones y planes que muchas veces no logramos entender.

Ante la partida de un hijo se detona un vacio terrible. “Hay muchos dolores, emociones, no sabemos ni cómo vamos a reaccionar, no sabemos qué tan maduros somos para enfrentar una desgracia ya sea por enfermedad o siniestro. La mujer que es madre tiene una fuerza extrahumana para soportar muchas cosas; incluso la pérdida de un hijo en un momento dado, no sabe de sus capacidades hasta que enfrenta el proceso de duelo”, comentó Yolanda Ruíz Granados, acompañante tanatóloga.

El psicólogo José Eduardo García Alfaro, describe el duelo como el proceso por el cual todo ser humano debe pasar ante una pérdida, ya sea de tipo material o sentimental como la de un familiar. La tanatología es la disciplina que estudia el fenómeno de la muerte y el impacto que ésta tiene sobre los seres humanos.

Según la tanatóloga Elizabeth Kubler Ross, el proceso de duelo se compone de 5 etapas:

Negación y Aislamiento. La persona vive tremendo impacto al recibir la noticia, entra en una crisis que la lleva a negar la realidad, a no aceptar lo que le están informando. Es algo inconsciente, se aísla de su realidad y sólo se enfoca en tratar de entender lo que está viviendo.

Ira. Se experimenta una serie de emociones de profundo coraje, que te llevan a renegar de tu religión, la vida, y contigo misma. Aparecen frases como “pude evitarlo” o “es mi culpa”.

Pacto. Es la tercera etapa y ésta la viven personas a las que les informan que morirán; una persona con cáncer o SIDA por ejemplo. En la pérdida de un familiar normalmente esta fase no se vive.

Depresión. Muchas personas se quedan estancadas en esta fase, literalmente mueren de tristeza, dejan de interesarse por la vida, dejan de comer, de ir a trabajar. “Esta etapa hay que vivirla con reloj en mano”, comenta Yolanda Ruíz.

Aceptación. Finalmente entendemos que esa persona ya no estará más con nosotros.

Todas las etapas se superan, la persona las tiene que vivir a su tiempo. El duelo es un proceso tan largo como uno quiera hacerlo. Hay personas que no logran resolver el duelo, caen en depresiones severas que afectan su vida diaria, su rutina se transforma por completo o simplemente se quedan estancadas en la negación; ellas, requieren de la intervención de un psicólogo o un tanatólogo.

Como familia, amigos o conocidos, la mejor manera de ayudar a una persona que atraviesa por este proceso es llegar y decir: ” No estás sola”, estar ahí sin hablar, sin dar consejos que a veces creemos son sabios, o frases que creemos aliviarán la pena. El estar simplemente a lado de la persona ayuda mucho más que cualquier otra cosa.

La muerte es tan real como la vida. Cada persona es distinta y afronta las circunstancias de manera diferente. Vive tu duelo, detona tu ira; saca toda la rabia, el coraje y el enojo de ya no poder verle más. Llora hasta que sientas que ya no puedes hacerlo y cuando te canses de esto, refúgiate en lo real que viviste con esa persona, las sensaciones, los sentimientos, los momentos y finalmente entiende que en esta vida sólo estamos de paso, aprendiendo lecciones que en un inicio no logramos entender.

Con todo cariño, Karlita, América; esto es para ustedes.

Imagen cortesía de Depositphotos.com | Plenilunia


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