Mi derecho al placer

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Las mujeres nos estamos moviendo de lugar con un papel cada vez más protagónico y ganando terreno en las ciencias, en las artes, en los deportes, en la academia, en la administración pública o en la empresa privada. Sabemos que debemos prepararnos aún más para ser competitivas y lograr nuestras metas y objetivos. Y aunque hacemos malabares para atender lo profesional, lo familiar y lo doméstico salimos adelante, aunque cansadas y un poco o muy alteradas.

Pero en el ámbito sexual ¿en dónde estamos paradas? Las mujeres poco a poco vamos aprendiendo a ver de una manera más integral nuestra sexualidad a pesar de que históricamente se nos ha confinado al papel reproductivo, es decir, para tener hijos, hoy sabemos que representa todo un universo de posibilidades para nuestro bienestar y que no sólo se limita a la genitalidad.

Esta ‘nueva’ mirada sobre nuestra sexualidad incluye reconocernos con derecho al placer, a sentirnos deseadas y a desear sin culpa, a saber identificar qué nos gusta o qué no y decírselo a nuestra pareja, a explorar nuestras fantasías, a experimentarla sin juzgarla y a aceptarla como parte natural de nuestras vidas.

El ser mujer es tan complejo como enriquecedor, pues somos resultado de una educación atiborrada de reglas que nos van encaminando a reprimir nuestros deseos y a hacer del “deber ser” nuestro estilo de vida, sin embargo, estamos tratando de vivir de manera más plena, atendiendo nuestras necesidades y transgrediendo costumbres que limitan nuestro pleno desarrollo.

El placer y el erotismo -como parte de la sexualidad humana- han sido aspectos que aún no logramos comprender del todo y mucho menos ejercer plenamente; el hecho de que se les considere como sucios, vergonzosos y hasta pecaminosos, ha ocasionado que muchas mujeres los restrinjan en su vida sexual.

Los genitales no se guardan

Para entender el erotismo y la sexualidad femenina me parece básico conocer el significado de tres conceptos clave en el tema que nos ocupa: sexo, sexualidad y erotismo. La terapeuta sexual Alma Aldana nos dice: Sexo es la suma de nuestros factores biológicos: cromosomas, genes y las hormonas que nos van a hacer un hombre, una mujer o intersexo.

La sexualidad “es ejercer nuestra vida plenamente en el ejercicio de nuestra sexualidad y tiene que ver con cómo sentimos, cómo actúanos, cómo miramos, cómo dormimos, cómo bailamos, cómo nos vestimos, cómo gritamos… porque los genitales no se guardan debajo de la almohada para usarse sólo en la noche. También es el fajesín, el ligue, el coqueteo con alguien que te agrade… más la relación sexual”.

El erotismo “es cómo vivimos nuestra sexualidad en nuestro cuerpo, es decir, de darle permiso a los sentidos de disfrutar, de ver, de gustar, oír, sentir. Si le damos permiso a nuestro cuerpo de que entren las sensaciones de la naturaleza seremos más plenos”.

Mi derecho al placer

Pero ¿nos damos el permiso de sentir y vivir plenamente nuestro erotismo? En su libro En las alas del placer, el sexólogo David Barrios Martínez señala que el placer inherente al disfrute erótico ha sido negado, condicionado o patologizado. Agrega que durante mucho tiempo, la mujer ha sido relegada sobre su derecho al goce y al erotismo, por lo que muchas de ellas renuncian -a veces inconscientemente- a su derecho a tener placer y a su vida erótica.

Explica que en la vivencia erótica intervienen tres aspectos: deseo, excitación y orgasmo, mismos que no solamente se limitan al coito y que, en ocasiones, se ven interferidos por mitos y prejuicios sobre la sexualidad, entre los que destaca:

El sexo es sucio: hay mujeres que consideran que algunas prácticas sexuales son prohibidas, anormales o antinaturales como la estimulación, los juegos sexuales, el deseo oral o practicar diferentes posiciones durante el coito. Y que este tipo de decisiones le corresponden únicamente al sexo opuesto.

La edad: muchas mujeres creen que la vida erótica es exclusiva de las jovencitas, por lo que durante la vejez se tienen que reprimir, sin embargo, lo único que cambia en los distintos periodos de la vida es la forma en que se lleva a cabo.

La autoimagen en las mujeres también llega a interferir en el libre disfrute de la vida erótica, ya que muchas se sienten presionadas por los estereotipos de belleza que no corresponden a su cuerpo, auto-descalificándose para disfrutar su erotismo.

Ellos son poco expresivos: con frecuencia los hombres expresan poco erotismo, ya que sólo buscan el coito o el placer personal. En este ámbito también salen a cuenta las disfunciones sexuales en algún miembro de la pareja como la anorgasmia o vaginismo en las mujeres, así como la eyaculación precoz o disfunción eréctil en los varones.

Jornadas laborales: Muchas mujeres desempeñan diariamente dobles o triples jornadas laborales por lo que se encuentran muy cansadas como para pensar en relaciones sexuales y mucho menos vivir plenamente su erotismo.

Y si te apropias de tu cuerpo

Por su parte la antropóloga feminista Marcela Lagarde señala en su libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, que el erotismo es visto de diferente manera de acuerdo con cada cultura y época histórica. Afirma que este tema se complica cuando se trata del erotismo de las mujeres, sujetas culturalmente a los hombres, con quienes deben relacionarse eróticamente.

Comenta que el cuerpo de la mujer es un espacio sagrado y, por lo tanto, objeto de tabú; en él se verifica la creación de cada ser humano, una y otra vez, como un ritual.

Así, el cuerpo femenino se va estructurado para la satisfacción del otro, pues desde la infancia las normas le prohíben a la niña tocar su cuerpo por el sólo placer de hacerlo y se lo permiten únicamente para bañarlo, embellecerlo y así agradar y ser deseada por el otro.

Al llegar a la adolescencia, cuando las mujeres empiezan a menstruar o descubren partes de sus cuerpos que se trasforman, se vuelve a prohibir el placer y aparece el mito de que debe permanecer virgen hasta el matrimonio.

Al respecto, Marcela Lagarde asevera que “es común que las mujeres redescubran, en momentos distintos de su vida, zonas de su cuerpo olvidadas por medio de la cultura de la deserotización de las mujeres”.

Por eso, las mujeres no descubren su propio placer ni las zonas de su cuerpo, ni las prácticas que les permiten disfrutar. La reapropiación del cuerpo es una de las cuestiones que está pendiente y que está íntimamente ligada con la recuperación de algo que ha sido prohibido para las mujeres: el placer.

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Imagen cortesía de


Gabriela Xochiteotzin Peña

Escrito por

Periodista y editora con perfil en temas en salud. Socia-Fundadora de Plenilunia.

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