En búsqueda de ti misma. Autoimagen, autoestima, autoconcepto y autoconocimiento

Conocernos a nosotros mismos es un herramienta fundamental para una vida plena. ¿Qué tanto te conoces tú?

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¿Qué te dices cuando te ves frente al espejo? ¿alguna vez has pensado que parte de tu cuerpo o tu cara te gusta más o te desagrada? ¿sabes cómo te sientes hoy? ¿sabes qué quieres y cómo lo vas a lograr? Todas estas preguntas y por ende sus respuestas, tienen que ver con nuestro” yo” es decir con nuestra manera de percibirnos, pensarnos, sentirnos, intuirnos, vestirnos, comunicarnos, relacionarnos, conectarnos con el mundo…A todo esto, la psicología le ha dado un nombre: autoimagen, autoestima, autoconcepto y autoconomiento. Cuando iniciamos el viaje interior hacia nosotros mismos con estos elementos a cuestas, encontramos un hermoso regalo: un amor incondicional a nosotros mismos en todo tiempo y lugar.

La autoimagen, es nuestra parte externa. Es lo que vemos frente al espejo. ¿Qué piensas o sientes cuando estás delante de tu propio reflejo? ¿te caes bien? ¿te desagradas? ¿te evades?

Muchas veces, por circunstancias familiares y sociales, nuestra autoimagen se distorsiona. Lo que vemos frente al espejo, no es lo que somos. Podemos ver una nariz muy grande o unas piernas muy flacas aunque no las tengamos del todo así. (En este caso lo estamos viendo desde los ojos del otro, del que nos lo dijo, del que, muchas veces, nos dañó). A medida que nos observamos empezamos a conocernos. Podemos empezar a hacerlo primero con nuestra parte externa: nuestro cuerpo. Reconocerlo y ver lo que nos gusta, o no, de él nos ayuda a ser conscientes de nosotros mismos.

Cuerpo bellos en todos los tiempos

¿Eres demasiado delgado (a)?, ¿muy bajo (a)? ¿tienes unos kilos de más? A través de la historia del Arte la autoimagen (en cuanto al cuerpo se refiere) ha cambiado. En un tiempo, tener un cuerpo llenito o redondo, era símbolo de belleza, como lo demuestra Pedro Pablo Rubens (1577-1640) en sus pinturas, en cambio para el Greco (1541-1614) un cuerpo delgado masculino o femenino era la extrema belleza.

En otra época, un cuerpo curvilíneo, se consideraba sensual y atractivo como bien lo demuestran las películas mexicanas de le época de Oro (1940-1955), sino pregúntales a las rumberas y lo de hoy es la extrema delgadez, sino pregúntales a las modelos. ¿Con cuál de estos cuerpos te identificas más?¿quieres ser algo que no eres sólo por “moda” y pintarte de rubia si tienes el cabello obscuro o usar zancos si eres bajita?

Clarissa Pinkola Estés, en su cuento ”El lenguaje corporal” contenido en su libro “Mujeres que corren con lobos” [1] enseña atribuir un nuevo valor a nuestro cuerpo con base en la cultura y grupo al que originalmente pertenecemos, tomando también en cuenta, los genes familiares de hasta una y dos generaciones atrás. Los cuerpos varían de una sociedad a otra, dice, de una familia a otra, de un grupo a otro. Son bellos según el lugar al que pertenecen aunque no cumplan con el estándar de la belleza impuesta. Asimismo, pueden ser bellos con base en el valor que nosotros mismos le demos. Pero lo más importante, es que además de bellos, sean funcionales. Que el riñón, el corazón, los pulmones, el hígado…funcionen para lo que tengan que funcionar.

¿Me quiero o no me quiero?

¿Cómo te demuestras amor a ti misma? ¿te conscientes en días difíciles? ¿descansas cuando lo necesitas? O .¿te insultas todo el tiempo? La autoestima es la manera en que nos percibimos, pensamos, sentimos, intuimos a nosotros mismos. Es, en otras palabras la manera en que nos amamos. Se desarrolla con base en nuestro carácter y familia de origen. Puede ser alta, media o baja. Con base en esto, tendremos relaciones personales sanas o insanas. Si pensamos que somos tontos o feos, que somos indignos de amor, o nos agredimos cada que nos equivocamos, así serán nuestras relaciones y nuestra manera de ver la vida. Con base en nuestra autoestima podemos ser nuestros mejores amigos o nuestros peores enemigos. La autoestima es el amor que nos damos a nosotros en cualquier situación de la vida. Esto se refleja especialmente en épocas difíciles (un divorcio, una pérdida importante, desempleo….) ¿Cómo reaccionamos antes eventos de este tipo?, ¿huímos? ¿pedimos ayuda?, ¿seguimos con nuestra vida a pesar del dolor? ¿nos lamentamos todo el tiempo?

Un sinfín de imágenes

El autoconcepto es el conjunto de características físicas, intelectuales, afectivas y sociales que confirman nuestra imagen. El autoconcepto es la imagen que tenemos de nosotros mismos. No es innato. Con el tiempo y con base en nuestras experiencias lo vamos modificando, en esto influye también nuestro entorno social y las opiniones o valoraciones de las personas que nos rodean. Tiene que ver con nuestra historia de vida. Si de niños nos pusieron un mote que no nos agrada como “gordo” o “prieta”, esto puede afectarnos en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos. Con el tiempo, y conforme nos vamos conociendo, podemos arrancar todas estas etiquetas dañinas, (o en caso extremo, pedir ayuda), y colocar unas nuevas y agradables que nos hagan sentir bien. Conforme nos conocemos, vamos saltando obstáculos, logramos metas, pensamos diferente, nuestro autoconcepto va cambiando.
El autoconcepto nos ayuda a autoreconocernos.

Un regalo de vida

El último paso es el autoconocimiento. Es el reconocimiento y aceptación de nuestro cuerpo, historia, temores, virtudes, defectos, logros, pensamientos, sentimientos, emociones, acciones, decisiones, voluntad, actitudes, deseos, intuición, circunstancias, situaciones presentes y pasadas, habilidades, logros, éxitos, errores, fracasos….. Se desarrolla cada día. Saber que pensamos, queremos o sentimos, nos ayuda a ver a donde vamos. Conforme nos conocemos, avanzamos El autoconocimiento es resultado de un el proceso reflexivo mediante el cual adquirimos noción de nosotros mismos. Conforme nos vamos conociendo descubrimos que es un proceso que nunca termina.

¿Por qué no empiezas a conocerte hoy?

Toma nota

Frente a un espejo de cuerpo completo, ve todo lo que te gusta de ti y no. Ve que puedes cambiar y si estás dispuesto a hacerlo. Luego, simplemente abrázate. La persona que se refleja en el espejo, eres tú. Y así como, estás bien.

Llevar un diario personal te será de gran ayuda para ver tus pensamientos, sentimientos, emociones, decisiones…en una palabra conocerte.

Referencias

  1. Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con lobos”, ZETA BOLSILLO, ISBN: 9788498720778

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