La piel, nuestro escudo protector

Tu piel es como un traje de buzo que cubre tus órganos internos y te distingue del mundo “afuera”. Es una de las más grandes proezas de la tecnología de la naturaleza: es resistente al agua por dentro y por fuera, sin embargo, puede soltar agua (sudor); es lavable, mantiene control en la temperatura corporal, es auto-reparadora y sensible al tacto, produce vitaminas y actúa en contra de los gérmenes y rayos ultravioleta.
Flexible y duradera, la piel es tu más importante órgano sensorial y de sensualidad. Es vital para tu bienestar, ya que forma un escudo alrededor de todo tu cuerpo. Es tu frontera.

Refleja toda tu emoción, indica tu estado de salud, dieta y estilo de vida. Refleja la comida que comes, cuánto sueño has tenido y tu consumo de alcohol. A través de la piel, enfrentas el mundo y el mundo te conoce.
Se ha demostrado que existe una percepción visual más allá de la retina en ciertos centros nerviosos de la piel, particularmente en las manos, la frente, la parte de atrás del cuello y el pecho. Con cierto entrenamiento, se ha comprobado que personas que son ciegas de nacimiento pueden imaginar visualmente a través de la piel y personas sordas pueden “escuchar” el sonido de la voz humana.

Los malestares en la piel tienen que ver con el tacto y el sentir. Tocar es la forma más básica de comunicación y es esencial a la vida -los bebés que no son tocados se deterioran física y mentalmente-. Sin contacto humano, los adultos se sienten solos y psicológicamente privados. Somos criaturas táctiles, así es que no tener ese contacto significa un aislamiento. Por eso la importancia de abrazar y de ser contenidos.

Ted A. Grossbart, un psicólogo de la escuela de medicina de Harvard, en Boston, y autor de Skin Deep: A Mind/Body program for healthy skin (Piel profunda, un programa de cuerpo/mente para piel saludable), dice que todas las partes del cuerpo reaccionan a las emociones, pero la piel es el traje que nunca nos quitamos. “Como es la frontera entre adentro y afuera, está llena de toda la intriga y juegos que acompañan estar en la frontera.”

Según Deborah Shapiro, autora del Your Body Speaks Your Mind (Tu cuerpo habla tu mente), todos los desórdenes de la piel son bidireccionales: te afectan las cosas que ocurren afuera, así como los sentimientos que tienes dentro. Si una persona tiene piel muy seca, implica un recogimiento de la emoción, una retracción para no tener que lidiar con la comunicación o con el sentimiento. La piel demasiado grasa implica un exceso de emociones -frecuentemente apasionadas o enojadas- que no están encontrando liberación.

La persona que ha integrado su mente y su cuerpo se siente más cómoda en su propia piel y es más receptiva a las experiencias sexuales y sensuales. Una piel irritada, tal vez tenga que ver con la dificultad de lidiar con el mundo. Una piel estresada tiene menor capacidad de sanar las heridas.

Para muchas personas, la manera que tocaron y fueron tocadas (o no tocadas) en el pasado puede ser una fuente de terrible angustia. Estamos aprendiendo a tocar de otra manera. Si quieres sanarte, toca la piel; la tuya, la de otros, de tus hijos o tus abuelos o tus mascotas. Aprende a tocar suavecito, despacito, a no agarrar, a medir la distancia del otro, a sentirlo, para que éste pueda recibir. Piérdele miedo al contacto. Lo necesitas.
La suerte con la piel es que se regenera constantemente, por lo que, al igual que las serpientes, constantemente tenemos la oportunidad de sacar lo viejo y traer lo nuevo. Si tu piel no refleja la permeabilidad al mundo y la aceptación y la suavidad que te gustaría tener, pregúntate ¿Qué necesitas para sentirte cómoda en tu piel?



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