Trastorno Límite de la personalidad

El trastorno límite de la personalidad o Borderline es un patrón de conducta que se caracteriza por la inestabilidad en las relaciones interpersonales, auto-imagen, afectividad, cognición y comportamiento, y una notable impulsividad, que puede iniciar en la adolescencia o en la edad adulta, dándose en diferentes contextos o ambientes.

Las personas que sufren de este padecimiento presentan cambios bruscos y dramáticos en su auto-imagen, que se traducen en cambios de objetivos, valores, aspiraciones personales o profesionales, ocasionando la pérdida de éstos. Suelen aburrirse con facilidad y constantemente están buscando mantenerse ocupados. Igualmente, realizan demasiados esfuerzos por evitar el abandono de quienes le rodean.

Con frecuencia se sienten dependientes y hostiles, de ahí provienen sus relaciones tumultuosas, ocasionando una dependencia mayor de las personas cercanas a ellos, demostrando grandes enojos o arrebatos hacia éstas en momentos de frustración. Tienen baja tolerancia a la frustración y gran dificultad para canalizarla de forma adecuada.

Poseen respuestas impredecibles, que consisten en cambios bruscos de humor o repentinas explosiones emocionales. Pueden mostrar sarcasmo extremo, amargura persistente o explosiones verbales. Esta conducta es dañina para la persona que padece este trastorno y para aquellos que la rodean, quienes no siempre saben cómo actuar y/o responder; esto provoca que piensen que no importa lo que hagan o digan, ya que será usado en su contra.

Los sentimientos varían drásticamente en calidad e intensidad; de un momento a otro, pueden ser tan intensos que llegan a distorsionar la percepción de la realidad. Estas personas suelen alternar sus emociones entre sentirse llenos de sentimientos o bloquearse dando una imagen de apatía total y absoluta. Con estos intensos sentimientos o pensamientos de tipo “todo o nada”, la desilusión a menudo se convierte en ira, que puede ser dirigida hacia los demás, a través de ataques verbales o físicos, o hacia uno mismo mediante intentos de suicidio o conductas autolesionantes.

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¿Cuáles son los síntomas? ¿Cómo detectarlo? Estas personas se ven a sí mismas como víctimas de las circunstancias y el nivel de responsabilidad que ejercen frente a ellos mismos o frente a sus problemas suele ser bajo.
Gunderson (2002) explora cinco áreas para la detección de los síntomas:

1) La adaptación social: aparentemente sin dificultades.

2) Los impulsos y acciones: impulsiones, alcohol, autoagresión, promiscuidad, bulimia.

3) Los afectos y depresión: rabia, ansiedad y desesperación.

4) Las crisis suelen ser breves y poco severas.

5) Las relaciones interpersonales: no soportan estar solos, necesitan del otro en todo momento. Son dependientes, masoquistas, manipuladores y desvalorizados.

La persona puede ser percibida como fuera de control, actuando por impulsos y sin importarle las consecuencias de su conducta. La realidad, es que en ese momento “no lo pueden evitar”, aunque son conscientes de que lo que están haciendo apartará aún más a las personas que la rodean. Cuando se enojan con alguien, ese alguien deja de ser una persona con sentimientos, convirtiéndose en el objeto de su odio y la causa de su malestar. Es el “enemigo”, se vuelven paranoicos y piensan que esa persona les quiere hacer daño, y, como consecuencia, se preparan para demostrar que tienen el control sobre esta persona.

Las personas con este trastorno tienen un comportamiento particular; es muy común que tengan conductas como por ejemplo: manifestaciones frecuentes de irritabilidad inapropiada, actos recurrentes de crisis (hacerse cortes en las muñecas, sobredosis o automutilarse) y relaciones sexuales, presentan sentimientos de vacío y aburrimiento, intolerancia a la soledad, impulsividad con el dinero, el consumo de sustancias tóxicas, apetito desenfrenado y hurto en tiendas, angustia, incapacidad para sentir, inestabilidad o depresión.

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En cuanto a las causas podemos decir que en la historia infantil de cada persona, pudo haber existido: pérdida temprana o separación de los padres en la niñez o en la adolescencia, una vida familiar disociada, comunicación deficiente en la familia o abuso sexual y/o maltratos físicos, entre otros.

Finalmente, es importante mencionar que es de suma importancia comprender a un familiar o amigo con este trastorno, ya que se le puede apoyar buscando ayuda profesional y especializada. Tenemos que tener en cuenta que las personas que lo padecen, al sentirse incomprendidas, se aíslan, dando como resultado menores oportunidades para tomar un tratamiento psicológico.




Escrito por

Psic. Nayelli Montiel Morales Miembro de la SOCIEDAD PSICOANALÍTICA DE MÉXICO (SPM) www.spm.org.mx Teléfonos: (+52-55) 5286 1744 y 5286 5509 Clínica de asistencia a pacientes: Teléfonos: (+52-55) 5553 3599, 5286 6550 y 5286 0329 Correo electrónico: spp@spm.org.mx


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