Mi Madre… Yo Misma

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Experiencia de vida

¿Cuántas veces nos hemos sorprendido al darnos cuenta que hacemos o decimos cosas exactamente como lo hace nuestra propia madre? Y, en primera instancia, podríamos sentir que fue una especie de ‘fantasma’ o ‘bicho raro’ que se nos metió y habló por nosotras pero, finalmente, acabamos percatándonos de que aquello que expresamos salió de nosotras mismas.

La personalidad de una persona se presenta en la forma en que se expresa, en su conducta, en su área laboral o en la pareja que escoge, etc. y va a estar determinada por series complementarias, donde tomarán relevancia asuntos como la genética, el medio socio- cultural, las experiencias vividas, el desarrollo psicosexual, entre otros.

Durante los primeros meses de vida extrauterina, el individuo adquiere experiencias que le posibilitan y enseñan a tratar con los demás. Estas experiencias, en primera instancia, son las que se presentan en la relación con la madre, pues éste es el primer vínculo que se establece y que abre las puertas al contacto con el mundo.

Dentro de esas experiencias de vida se encuentran aquellas cosas que vemos que nuestros padres hacen y que, de algún modo, aprendemos de ellos. En psicoanálisis esta dinámica es conocida como identificación.

Los seres humanos nos identificamos con aspectos que nos agradan y con aspectos que no nos agradan de los demás, esto se debe a que el proceso de identificación se da de manera inconsciente.

La introyección es la base de toda identificación, es decir, la introyección posibilita que algo que hemos visto en nuestra madre (o cualquier otra persona relevante en nuestra vida) lo hagamos parte de nosotros y, posteriormente, la identificación permite que aceptemos esa característica como nuestra.

En la etapa edípica (de los cuatro a los seis años de edad aproximadamente), las niñas pondrán toda su atención en recibir el amor y el cariño del padre; sin embargo, se dan cuenta de que para ello es necesario poseer ciertas características de la madre, como la ropa que visten, el calzado que usan o la manera de dirigirse. Es a esta edad cuando escuchamos a las niñas pequeñas decir “yo quiero ser como mi mamá”. Que la niña aprenda de mamá, de los roles femeninos, será el logro de esta etapa crucial del desarrollo psicosexual.

Por el contrario, es muy común que durante la adolescencia las jóvenes sientan un deseo muy grande de no parecerse a la madre, esto se debe a una lucha interna que emana del surgimiento de la propia identidad, como si, inconscientemente, pensaran que ser SEMEJANTES a la madre significa ser IGUAL a ella.

Por lo tanto, podríamos decir que, principalmente, la relación con la madre es el factor clave que determinará cómo vivimos como mujeres y nos brindará las bases para encontrar las respuestas a preguntas como, ¿Qué es ser mujer?, ¿Qué tipo de pareja escoger?, ¿Qué significa ser madre?

Me parece relevante mencionar que no todas las mujeres son conscientes de cuánto se parecen o no a su madre y esto es debido a que un gran porcentaje de la conducta humana es puramente inconsciente.

Haciendo un análisis de las posibilidades que se pueden presentar cuando una mujer está consciente de las características que se repiten en su personalidad, respecto a las de su propia madre, podemos definir tres tipos distintos de mujeres:

1. Aquella que se percata de sus similitudes con la madre pero no se brinda la oportunidad de ponerlas en duda o evaluarlas. Se trata de mujeres que educan a sus hijos exactamente igual a como lo hizo su madre con ellas y no se preguntan si esta forma de educar puede mejorarse o no: “Mi madre me educó así y le resultó bien…”

2. La mujer que se da cuenta de estas identificaciones con la madre, pero al encontrarse en rebelión con ella va a buscar actuar de manera totalmente opuesta a lo que le enseñaron, pasando por alto la posibilidad de evaluar si estas conductas tendrán consecuencias positivas o negativas: “Como mi madre no me dejó salir cuando tenía 15 años, yo permito que mis hijas salgan todos los fines de semana…”

3. Mujeres que son conscientes de las identificaciones con su madre, tanto las buenas como las malas y, a partir de una evaluación de las conductas, deciden si las emplean tal como las aprendieron o las modifican.

El tercer caso nos hablaría de una adaptación más sana, esto es debido a que esta mujer tendría la capacidad de “poner distancia” para poder evaluar y definir, de esta manera, qué de lo que ha aprendido debe modificar y qué no.

Por otro lado, cuando una mujer se encuentra próxima a ser madre por primera vez, se recrudece toda la relación vivida con la madre. Esto es debido a que nuestra forma de ser madres dependerá del tipo de madre que tuvimos. Sin embargo, como lo mencioné anteriormente, también otras experiencias de vida pueden influir, en gran medida, en nuestra personalidad, logrando que ésta se modifique y seamos distintas a nuestra propia madre.

Este es el caso de Alejandra, que llegó a mi consultorio argumentando sentir mucha tristeza por no poder establecer una relación de pareja estable. A lo largo del análisis, pudimos ver cómo estaba identificada inconscientemente con la madre en una constante descalificación del sexo masculino.

Tras algunos meses de tratamiento pudimos detectar cómo, de alguna manera, Alejandra siempre provocaba que sus parejas se alejaran de ella, al sentirla muy demandante y poco comprensiva. Haber encontrado esta identificación con el modo de pensar de la madre y decidir cambiarla, le permitió establecer una relación de pareja más completa y satisfactoria, ya que, en algunas ocasiones, esas identificaciones con la madre (o con cualquier otra figura significativa) juegan un papel más importante en nuestra psique del que suponemos.

Un aspecto muy importante de este proceso de identificación es que permite el establecimiento de una sociedad, porque la familia es la facilitadota de introducir en sus miembros el sentido de pertenencia a la sociedad, a través de la identificación con sus normas.

El apoyo de un especialista nos puede ayudar a reconciliarnos con esas ‘partes nuestras’ que no nos hacen felices, porque a través de su conocimiento y entendimiento podremos aceptarnos mejor.

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