Cáncer de mama

Cuando hablamos de cáncer se nos pone la piel de gallina. Existen alrededor de 70 patologías que corresponden a esa categoría y cada una se comporta de manera diferente. Pero para la mayoría de nosotros la mera palabra es sinónimo de muerte, de destino marcado, de caso cerrado. Esta es quizá la razón por la cual nos resistimos a descubrirlo en nosotras mismas cuando como en el caso del cáncer de mama, tenemos la posibilidad de detectarlo en una etapa temprana, al realizarnos el autoexamen con la posibilidad de evitar así un desenlace fatal.

El cáncer de mama es en la actualidad el cáncer más frecuente y el que causa mayor número de muertes entre las mujeres a nivel mundial, principalmente en los países desarrollados. Por ejemplo, el Reino Unido es el país con mayor incidencia entre su población femenina, pero no es la principal causa de muerte debido a su temprana detección.

En México el 70% de los casos se diagnostica en etapas avanzadas, cuando el tumor mide más de cinco centímetros y se ha extendido a otros tejidos cercanos del pecho o, incluso, cuando ya ha invadido otros órganos y tejidos, como pulmones, hígado, huesos y cerebro. “El panorama de esta enfermedad en la población mexicana se transformó en los últimos 50 años y el cáncer mamario ha pasado a ser un problema de salud pública.”

Hasta el año pasado el INEGI la registraba como la segunda causa de muerte de las mujeres mexicanas; en la actualidad, la tendencia a convertirse en la primera causa de muerte de mujeres en nuestro país es irreversible, y se ve reflejada ya en estados como Nuevo León, Jalisco y el DF, en donde ya superó al cáncer cérvicouterino como primera causa de muerte femenina.

Esta distribución geográfica se debe a que esos son los estados con más alto nivel de desarrollo social del país, lo que determina ciertos factores de riesgo asociados con el estilo de vida de las mujeres en esas regiones.

Cuáles son los factores de riesgo

*Ser mujer.

*Historia personal y familiar de cáncer de mama.

*Tener más de 40 años. En México se presenta en promedio 10 años antes que en otros países, por lo que la Norma Oficial recomienda la realización de mamografías a partir de la cuarta década de vida de las mujeres mexicanas.

*No haber tenido hijos o embarazos y no haber amamantado. Nuestro cuerpo genera estrógeno durante el ciclo menstrual, que “actúa como una hormona del crecimiento para los tejidos mamario, uterino y ovárico. La sobreestimulación de estos órganos por el estrógeno está relacionada con una proliferación celular excesiva que podría conducir al cáncer.” Durante el embarazo, la lactancia y la menopausia, dejamos de producir estrógeno, disminuyendo nuestra exposición a esta hormona.

*Primer embarazo después de los 30 años de edad.

*Antecedentes de síntomas benignos en las mamas, por ejemplo, dolor, bultos, quistes y secreción de los pezones.

*Vida menstrual de más de 40 años. Primera menstruación antes de los 12 años y menopausia después de los 52.

*Genética (factores genéticos, ambientales y probablemente étnicos influyen en la incidencia de este mal en mujeres más jóvenes que el promedio mundial).

*Obesidad.

*Terapia de Reemplazo Hormonal. A partir de la menopausia hay más riesgo de cáncer de mama en mujeres que usan esta terapia por más de 4 años. Es muy importante no automedicarse este tipo de terapia, porque de acuerdo a los niveles de estrógeno de cada quien, el médico determina el tipo de estrógeno que debe administrarse y el tiempo durante el cual debe hacerse.

De acuerdo a la Secretaría de Salud, cada día mueren 14 mexicanas víctimas de esta enfermedad, pero la cifra podría disminuir significativamente con una mayor cultura del autocuidado, que permitiría un mayor índice de detección temprana a través del autoexamen de mama y la mamografía anual a partir de los 40 años.

La Dra. Mirella Loustalot afirma: “No es posible evitar el desarrollo de células cancerígenas, pero sí es posible detectarlas a tiempo, para que no causen la muerte”. Ella es optimista sobre el tema, puesto que tiene la experiencia de la campaña para combatir el cáncer cérvicouterino en México, que en 8 años logró aumentar significativamente la detección oportuna y disminuir los casos de muerte por ese tipo de cáncer (de 19 por cada 100 mil mujeres de 25 años y más en 1997, a 15 por cada 100 mil mujeres de 25 años y más en 2005). Por su parte, la muerte por cáncer de mama aumentó en el mismo período, de 13 a 15 por 100 mil mujeres de 25 años y más.

Médicos e investigadores están en la búsqueda de nuevos métodos de detección y tratamiento para el cáncer de mama. Pero en nuestras manos está hacer un hábito de cuidarnos a nosotras mismas y contribuir a que, efectivamente, el cáncer de mama no sea sinónimo de muerte en nuestro país.



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