Si pudiera sanar a México

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Amarse y sanarse a uno mismo

¿Y si dejar de quejarnos fuera la clave para sanar lo más profundo de nuestras enfermedades? Más aún, si dejar de maldecir a quienes, a todas luces parecen merecerlo, fuera la solución que requiere ese México que nos han arrebatado.

¿Utopía? Posiblemente.

Mi tema para este espacio es el ho´oponopono. Una técnica de sanación gestada en Hawái que de tan simple luce inocente. “Hoo” en hawaiano significa “causa” y ponopono, “perfección”. La suma de ambos términos se traduce como “corregir los errores”. Arrepentirse y pedir perdón para sanar es su esencia; suena simple, pero no sencillo.

Su mayor exponente en Occidente es Ihaleakalá Hew Len, médico y psicólogo hawaiano poco ordinario. Su reputación se gestó tras curar un pabellón de enfermos criminales con los que jamás tuvo contacto físico. Explica “Sané la parte de mí que había creado las enfermedades de esos hombres”.

Existe evidencia científica del trabajo que realizó y los cambios que registraron sus pacientes. No pidió trabajar con los enfermos criminales o darles terapia individual o colectiva. Sabía que no funcionaría. Sería él quien terminaría vencido. Según su teoría, todo lo que está en el presente de nuestra vida, por el solo hecho de estarlo es también nuestra responsabilidad y creación.

Ho’ oponopono implica en esencia amarse y sanarse a uno mismo.

Concentrémonos en los últimos, (enfermos criminales) con frecuencia su mente ha bloqueado los traumas que vivieron, los dolores y agresiones que recibieron antes de ser protagonistas de lo que ejercen con saña. De acuerdo con el ho’ oponopono, encontrar el génesis no importa. Lo relevante es sanarse. ¿Cómo? Interiorizando sobre los errores propios y simplemente diciendo: “Lo siento” y “Te amo” una y otra vez. Sin pausa, sin fatiga.

Dos días antes de escribir mi entrega para Plenilunia pedí a la vida con sencillez que me mostrara algún camino. ¿Qué puedo hacer yo para que México cambie? ¿Para recuperarlo? ¿Cómo curarlo de ese cáncer que lo corroe?.

Y la respuesta llegó ¿Funciona?. Lo hizo en Hawái. Y de todas maneras, de cara a la metástasis que México vive, poco tenemos por perder. ¿Y si yo también fuera responsable de ese México maltrecho? ¿Y si curarlo también fuera mi responsabilidad?

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lisazuttel@yahoo.com.mx

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