Pérdida del control

¿Sinceramente, siempre pensamos lo que decimos? Honestamente no. Todas las personas tenemos momentos incongruentes donde nos desconocemos y nos desconocen los demás, esto es parte de la vida. Incluso hay personas que nos consideran siempre ecuánimes y eso en general es cierto, pero la verdad es que cuando estamos en situaciones de vulnerabilidad donde nos sentimos heridos o atacados sea esto real o no, perdemos el control en nuestras emociones y esto nos hace decir cosas que no reflejan lo que la mayor parte del tiempo somos. Descontrol, desconcierto, desequilibrio, desorden, incomodidad, desajuste, enojo, exasperación, histeria…etc, cuantas palabras para definir que perdiste la estabilidad emocional que los demás están acostumbrados a ver en ti y que no te es posible mantener en momentos en los que se rebasan tus límites.

Mujer reflejada en un espejo con actitud diferente

En muchas ocasiones llegamos a perder el control, por no expresar lo que sentimos y pensamos desde un principio con respecto a situaciones que nos incomodan o molestan y esto puede provocar que los demás piensen que de pronto enloquecimos, porque simplemente cambiamos abruptamente de estado de ánimo, una de estas situaciones a las que me refiero es por ejemplo: Una persona a la que le disgusta un sobre nombre y no se atreve a decir o manifestar su molestia, porque las personas que hacen esta referencia son personas que verdaderamente aprecian y no quieren ser malinterpretados o bien personas que de todas maneras los van a ignorar por no tomarlos en serio, sin duda cada que esta persona escucha este sobre nombre se siente incómodo y esta incomodidad se va acumulando, si a esto le sumamos el estrés y las dificultades por las que atravesamos constantemente en todos los niveles tanto personales, laborales, de pareja, familiares…etc., llega un momento en que el estrés y la presión que sienten es demasiada y un día al escuchar el sobre nombre su reacción es exagerada, por obvias razones los demás no entienden que les ocurrió , porque nunca supieron lo que le incomodaba. Otro ejemplo de esto se da cuando nos sentimos obligados a hacer cosas que nos disgustan o aceptamos tratar a personas que nos irritan por pena a vernos mal ante los demás, la realidad es que puedo citar muchos motivos y son muy variados los que hacen que perdamos el control.

Algo común que en general es comprensible en todas las personas: es cuando perdemos el control, por una mala noticia, la pérdida del empleo o del patrimonio, la decepción al ser traicionados…etc., por supuesto estas situaciones no están en la mayoría de los casos en nuestras manos y perder el control y caer momentáneamente en un estado emocional alterado es perfectamente humano.

Hay situaciones en las que podemos en la medida de lo posible evitar perder el control, porque dependen de nosotros, lo único que tenemos que cuidar es que nuestras decisiones siempre estén encausadas a protegernos y cuidar nuestra integridad, con esto sin duda entre otras cosas evitaríamos también caer en enfermedades que nos causen un daño severo o definitivo.

Desde mi punto de vista si decimos lo que pensamos y sentimos a tiempo cuando algo nos molesta o incomoda buscando alternativas de cambio, esto nos va a evitar mucha frustración, así como también sí ponemos distancia con personas a las que solo tratamos por obligación, y buscamos hacer lo que nos hace sentir bien y lo disfrutamos, es más difícil llegar al punto en que perdamos el control.

Por ultimo cabe mencionar que a veces el cometer errores que no podemos disculparnos o de los cuales no soportamos sus consecuencias, provoca un descontrol en nuestra vida muy grande. En estos casos lo primero que tenemos que entender es que no podemos ser tan inflexibles, ni condenatorios con nosotros, esto no va a solucionar nada, pero si va a dimensionar lo que hayamos dicho o hecho todavía más. Necesitamos darnos un tiempo prudente para poner en claro nuestros pensamientos y sentimientos y por último darnos cuenta que esos momentos no nos definen. Tenemos dos opciones: Si nos equivocamos hay que reparar el daño y si no es así, para que atormentarnos por la manera en que enfrentamos esa adversidad, no tiene sentido, lo hecho, hecho esta. La parte positiva de todo esto es que es una oportunidad que nos debe servir para conocernos más y trabajar en nuestras debilidades.

Así que borrón y cuenta nueva.

Imagen cortesía de photographee.eu


Escrito por

La mujer que escribe desde el corazòn


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