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Aunque a veces se da por sentado que así es, la satisfacción sexual no depende de la frecuencia con la que se tienen relaciones sexuales. Se pueden tener todos los días y sentirse frustrada, sin una verdadera conexión o vivirlas hasta como parte de una rutina; o se pueden tener con menos frecuencia pero con mayor intensidad. El punto no está en si son más o si son menos, sino en que los encuentros sean de calidad y precedidos por el deseo. ¿Cuántas veces accedemos por complacer a nuestra pareja aunque realmente no tengamos ganas? Lo hacemos para demostrarle que la queremos, por evitar un conflicto o por miedo a que busque otras alternativas. Ciertamente, algunos de estos encuentros que inicialmente fueron indeseados terminan siendo placenteros, pero en otras ocasiones generan conflictos que a veces no entendemos bien por qué surgieron.














