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Las personas inmunizadas a través de una inyección quedan protegidas internamente contra la enfermedad. Pero el patógeno que la produce puede seguir infectando sus mucosas (ubicadas en ojos, oídos, nariz, boca, tracto genitourinario, gastrointestinal y respiratorio) y diseminarse entre quienes no están vacunados; lo cual podría dificultar el control de una pandemia como la actual.















