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Niños nacidos por donación de gametos

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Las parejas que debido a alguna problemática física para tener hijos necesitan del uso de gametos donados deben plantearse entre muchas otras cuestiones, el derecho a la identidad de su futuro hijo.

Esto implica, la necesidad de informar al niño acerca de su origen genético. Esta es la duda por la que atraviesan muchos profesionales y pacientes en relación a la donación de gametos. ¿Debe el niño nacido por donación de gametos conocer su origen?

¿Qué efectos psicosociales conlleva no revelar sus orígenes? ¿Qué posicionamiento tomamos como profesionales de la salud?

Este aspecto es relevante por varios motivos: desde el punto de vista de la salud del niño y futuro adulto, desde las implicaciones en lo social y desde las implicaciones psicológicas.

En este artículo se exponen las dos posturas existentes, haciendo hincapié en la tendencia actual de apertura al niño sobre la donación y de sostén a las familias que optan por la revelación a sus hijos, ya que la evidencia científica afirma que mantener el secreto dañará la relación, y por consiguiente, al desarrollo psico-afectivo del niño.

Para entrar en materia

La Donación de Gametos como tratamiento médico para combatir la infertilidad no es nueva, se realiza en el mundo desde fines del 1800 (Daniels y Haimes, 1998). Sin embargo, quienes acceden a esta manera de tener un hijo, suelen esconder el hecho de haber utilizado un gameto de otro individuo.

La complejidad de este tipo de tratamientos contra la infertilidad no sólo tiene implicaciones en el aspecto técnico médico, sino en la toma de decisión de realizarlos y la responsabilidad de esa decisión para no tener problemas en el futuro.

La experiencia de la infertilidad y sus intentos por resolverla, producen por sí mismos, una crisis a nivel individual, de pareja, social, y en muchos casos también, laboral, ética, religiosa y sexual (Fernández y Urdapilleta, 1995).

Así, la infertilidad, obliga a quienes la padecen, el plantearse y replantearse en momentos evolutivos y cronológicos, qué es para ellos ser padre, o qué del tener un hijo les importa más.

Compartir la información entre padres e hijos concebidos con ayuda de un donante (Daniels y Thorn, 2001), supone para la mayoría, un proceso difícil de afrontar debido a prejuicios existentes en nuestra sociedad y los temores que suelen derivarse de ellos.

En el ámbito de la donación de gametos, existen discrepancias sobre si es recomendable dar a conocer al niño sus orígenes.

En la actualidad, hay dos perspectivas claramente diferenciadas. Una, es la que valora negativamente la información sobre la donación, los donantes, el proceso de selección de los donantes y la posible revelación al niño; y otra inversa, que valora positivamente la información al niño.

Estas dos perspectivas se presentan como dos posicionamientos epistemológicos en relación a la construcción de la historia personal y el origen de un ser humano, y dependerá de cómo consideremos el secreto dentro de una familia y la influencia positiva o negativa que pueda tener en el funcionamiento familiar, la postura que tomemos como profesionales ante la recomendación de dar a conocer u ocultar al niño la información sobre la donación.

Conocer su origen

En 1993 la ASRM (American Society for Reproductive Medicine) aconsejaba a la pareja no revelar al niño que su origen se debía a la utilización de gametos donados.

Es más, animaban a las parejas a tener relaciones sexuales inmediatamente después de haber realizado la Inseminación Artificial para fomentar la fantasía de que ese niño estuviera genéticamente relacionado con las dos partes. Actualmente, esta postura se está reevaluando, en años anteriores se sugería mantener como un secreto de pareja; al día de hoy la tendencia es de apertura hacia el niño, de conocimiento sobre la donación, y de sostén a las familias que optan por la revelación a sus hijos.

En esta misma línea, las legislaciones vigentes de Suecia, Austria, Suiza, Inglaterra, Nueva Zelanda, Noruega, Holanda y dentro de Australia los estados de Australia occidental y Victoria, han establecido normas para abolir el anonimato de los donantes de gametos y proveer de información si el hijo lo solicitara.

En España, la ley vigente establece que la donación de gametos “[…] será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes por los bancos de gametos, así como, en su caso, por los registros de donantes y de actividad de los centros que se constituyan.”

En relación a la información a los hijos, establece que “[…] los hijos nacidos tienen derecho por sí o por sus representantes legales a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad”. Es decir, la ley española deja la libertad y responsabilidad a los padres para dar a conocer al hijo sobre sus orígenes, ya que, si desean mantenerlo en secreto, ni los donantes, ni el niño podrán tener información sobre la donación.

Secretos entre padres e hijos

Como hemos visto anteriormente, existen dos posturas diferentes a la hora de sugerir a nuestros pacientes sobre si dar información al niño sobre sus orígenes.

Nuestra respuesta dependerá de la postura que tengamos como profesionales, cómo consideremos la donación de gametos y de qué información dispongamos. Ya que, lo importante no es solamente tener una postura, sino poder fundamentarla.

En este sentido, se propone que los profesionales de la salud deberían brindar información a la pareja sobre cuándo, cómo y quién debe decirle al niño, ya que el secreto siempre estará presente en la mente de quienes lo llevan y, por consiguiente, la pregunta: ¿Me aceptaría mi hijo como su madre/padre si supiera que no soy completamente su madre/padre?.

Existe evidencia en cuanto a que en una relación afectiva es más beneficioso si no se tienen secretos. Específicamente, en relación a los secretos entre padres e hijos, se ha estudiado que los niños descubren las “claves ocultas” que desarrollan sus padres a la hora de hablar entre ellos sobre lo que se le está ocultando y esto genera un distanciamiento en la relación.

Por ejemplo, un estudio realizado en adultos entre 26 y 55 años de edad, concebidos por Inseminación Artificial reveló que todos los entrevistados manifestaron que el secreto, la privacidad o la confidencialidad de su familia sobre su origen, tuvo efectos negativos en la relación familiar y que vivieron “…la vida como una mentira”. El secreto ha sido ampliamente estudiado en campos como la adopción, donde existen similitudes con la donación de gametos, ya que en ambos casos no existe vínculo genético, pero sí el deseo de ser padres.

Maccallum y Golombok en su estudio realizado con familias con hijos entre 2-5 años, creadas por donación de embriones, reveló que el 9% de las madres se lo habían dicho a sus hijos, que un 24% estaban planeando decírselo, que un 43% habían decidido no hacerlo y que un 24% aún estaban indecisas. Curiosamente el 72% de estas madres se lo había contado a alguien de su familia. Las razones citadas para mantener en secreto la donación fueron: el deseo de proteger al niño, la creencia de que revelárselo era innecesario y la fantasía de que la relación se dañará si se lo contaban al niño.

¿Se lo has contado a alguien?

Mientras que, las razones para dar a conocer al niño sus orígenes fueron: evitar que accidentalmente se enterase (teniendo en cuenta que el 72% de estas madres lo habían contado a alguien) y la creencia de que el niño tiene derecho a saber. Murray y Golombok en una investigación realizada con usuarios de donación de ovocitos en la que analizaron si alguien de su familia o amigos conocían sobre la ovodonación, resultó que en el 75% de los casos sí conocían, mientras que un 47 % no pensaban revelárselo a sus hijos y sólo un 29% sí lo harían.

La diferencia que establecen estas familias, sobre decírselo a un familiar o amigo y decírselo a su hijo se basa en la creencia de que si no le contamos al niño, éste no se va a enterar. Sin embargo, podría ocurrir en cualquier momento en la vida de ese niño, que la verdad que se le ha ocultado aflore y el conflicto psicosocial que se genere puede causar mucho más daño a la relación con sus padres y a la confianza que habían depositado en ellos, que si hubiese crecido conociendo la forma en la que fue concebido y, por lo tanto, naturalizando su situación. Esto ha quedado plasmado en la investigación de Turner y Coyle, donde los hijos expresaban el importante daño psicológico que les había causado haberse enterado tarde y accidentalmente sobre las circunstancias de su origen.

Cuando se sugiere a una pareja no decirle a su hijo que han utilizado donación de gametos, estamos diluyendo el papel la crianza, el amor, los valores, y el día a día que hace una relación paterno-filial.

Los expertos ¿qué opinan?

Los profesionales de la salud somos conscientes de que los pacientes con problemas reproductivos que acuden a un tratamiento de reproducción asistida (no así las mujeres solas y las parejas homosexuales), suelen sentir una fuerte incomodidad que se traduce en varias ocasiones en vergüenza por su situación.

Lo manifiestan de diversas maneras, como ocultando las razones por las que faltan en sus trabajos, comentando a sus familias que no tienen niños porque prefieren viajar, etc. Estas manifestaciones de vergüenza pueden verse trasladadas al niño una vez que nazca y, por ello, prefieren dejar en el olvido todo lo que pasaron para conseguirlo. Lo cierto es, que cada vez son más las parejas que recurren a un tratamiento de reproducción, y aún más con donación de gametos por diversas circunstancias, una de ellas la edad a la que deciden tener un niño.

Por tanto, como profesionales sería importante tener una postura definida a este respecto y transmitirles a nuestros pacientes los fundamentos que la avalan. Para ello, conviene preguntarnos ¿Qué subyace a favor de mantener el secreto? ¿Qué idea tenemos sobre la herencia genética, qué valor de importancia le adjudicamos, y por qué?

Una labor importante que tenemos como profesionales de la salud es hacer conciencia de la importancia de la decisión sobre ser padres, más allá de las dificultades que puedan surgir en el camino. El deseo, los proyectos, y la ilusión con la que estos pacientes acuden a una clínica de reproducción difícilmente desaparezcan al no haber una relación genética –total o parcial– con su hijo. Por tanto, es recomendable no minimizar el impacto de la donación de gametos, pero sí naturalizarlo como lo que es: un medio para alcanzar un fin.

Esto ayudará a que estas parejas puedan sentir más seguridad al momento de tomar la decisión de revelar este secreto a sus hijos, ya que habrán cursado por un proceso de reflexión y fundamentación.

Decirlo ¿Si o no?

En este artículo se han presentado las dos posturas existentes con respecto a si debe el hijo nacido de una donación de gametos conocer su origen.

Son dos perspectivas claramente diferenciadas. Una, es la que valora negativamente la información sobre la donación, los donantes, el proceso de selección de los donantes y la posible revelación al hijo; y otra inversa, la más actual en países desarrollados, la cual es de apertura hacia el niño, de conocimiento sobre la donación, y de sostén a las familias que optan por la revelación a sus hijos, ya que la evidencia afirma que mantener el secreto dañará a la relación y, por consiguiente, al desarrollo psico-afectivo del niño.

La literatura más reciente fundamenta que podría ser contraproducente la decisión de mantener en secreto sobre la donación con los hijos a corto o a largo plazo.

En México, falta recorrer un camino largo hacia la apertura y naturalidad con la que las parejas viven los tratamientos de reproducción asistida y como profesionales de la salud tenemos la responsabilidad de ayudar a que estas parejas superen la vergüenza, los tabúes y las falsas creencias.

Nuestra labor será generar conciencia en los futuros padres de que la paternidad va más allá de lo que dictamine la genética y ayudarlos a pasar de la infertilidad silenciosa a un hogar digno y amoroso.

*Lic. Edith Hernández

Departamento de Apoyo Emocional

Instituto de Fertilidad y Genética, INGENES.

Donación de Gametos

Cuando la mujer no puede producir óvulos debido a la pérdida de la función ovárica, o cuando éstas padecen enfermedades genéticas que pueden transmitir a sus hijos; el uso de óvulos donados puede dar a la pareja la oportunidad de optar por un embarazo y parto de su propio bebé. Los óvulos donados de manera anónima y son provistos por mujeres sanas que también son checadas para una variedad de enfermedades transmisibles incluyendo hepatitis y SIDA y enfermedades genéticas. Los óvulos donados requerirán una técnica de reproducción asistida (usando los óvulos donados con los espermatozoides del esposo) y los ciclos de la donante y la receptora deben ser sincronizados mediante tratamiento hormonal. La selección de las donantes de óvulos es un poco más limitada en comparación con los donantes de semen, pero igualmente se encuentran candidatas adecuadas para la mayoría de las parejas. El éxito de la donación de óvulos no depende tanto de la edad de la receptora, sino de la edad de la mujer donadora. Se ha comprobado que los óvulos de las mujeres menores de 30 años son mucho más susceptibles de fertilización y embarazo.

La donación puede ser también de embriones, generalmente procedentes de parejas que lograron el embarazo con la aplicación de alguna de las técnicas referidas. Estos embriones sobrantes son entregados, de forma anónima, para su uso en parejas con un factor de esterilidad de ambos cónyuges.

La donación de espermatozoides, los gametos masculinos, es conocida y empleada de igual manera. Las razones de ello derivan de la mayor facilidad y capacidad de obtención de espermatozoides, que de los gametos femeninos, los cuales hoy por hoy no pueden ser criopreservados y descongelados con garantías absolutas de que su dotación cromosómica no sufrirá alguna alteración. La dotación genética de los espermatozoides tolera bien la congelación. De hecho, en cualquiera de las técnicas de reproducción asistida pueden emplearse gametos o embriones de donante, cuando los de la pareja no estén disponibles.

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