Usemos cubrebocas, sí, pero no son la salvación y pueden elevar el riesgo

El uso generalizado de cubrebocas que a partir del pasado viernes prácticamente se volvió obligatorio en Estados Unidos, ha detonado el debate sobre la real utilidad de ponernos ese cuadro de tela cubriendo nuestra boca para evitar el contagio. Sí puede protegernos pero hay que saber utilizarlo bien.

El uso de cubrebocas puede ayudar pero no garantiza evitar el contagio.
Mujer que lleva máscara médica protectora una calle vacía, al aire libre. Mujer que tiene un teléfono. Concepto de autoasistencia.

El riesgo es que la gente se confíe al sentir que usando cubrebocas ya está protegida, salga de casa y deje de tomar otras medidas más seguras para protegerse.

Desde que inició la epidemia del COVID-19 en China hace ya más de 3 meses se generó un gran debate acerca de si el uso generalizado de cubrebocas o mascarillas era de utilidad para evitar el contagio. Hubo discusiones entre los especialistas, y se había definido que realmente no eran una gran herramienta porque el virus no está suspendido en el aire.

Aparte, como hay carencia generalizada de todo tipo de insumos de protección, incluidos estos cubrebocas, se dijo que no se adquirieran para dejarlos mejor a los profesionales de la salud que están muy expuestos al estar atendiendo a pacientes infectados.

Ahora, en Estados Unidos, ante el incremento incontrolado de casos de personas infectadas, las autoridades de Salud le pidieron a todo el mundo que use los cobrebocas o mascarillas porque han surgido estudios que confirman que sí funcionan.

Los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés Centers for Disease Control and Prevention) en el documento “Recomendación sobre el uso de cubiertas de tela para la cara, especialmente en las áreas con transmisión comunitaria significativa 2 actualizó sus recomendaciones sobre el uso de cubrebocas, ya que “Ahora sabemos, gracias a estudios recientes, que una cantidad significativa de personas con coronavirus no tienen síntomas (“asintomáticos”) y que aun aquellos que en algún momento los presentarán (“presintomáticos”) pueden transmitir el virus a los demás antes de mostrar esos síntomas. Esto significa que el virus se puede propagar entre personas que estén interactuando muy cerca una de la otra —por ejemplo, al hablar, toser o estornudar— incluso si esas personas no están mostrando síntomas.

Por lo que en el mismo documento declara “en vista de esta nueva evidencia, los CDC recomiendan el uso de cubiertas de tela para la cara en entornos públicos donde otras medidas de distanciamiento social sean difíciles de mantener (p. ej., supermercados y farmacias), especialmente en áreas con transmisión comunitaria significativa.

En un criterio basado en “lo que tapa ayuda”, están respaldándose en reportes donde se asegura que el uso de cualquier tipo de cubrebocas, puede reducir en cerca de 10% el riesgo de contagio.
Eso puede dar tranquilidad a un amplio segmento de la población, pues han circulado técnicas para hacerlos desde casa, ya que pueden ser de cualquier tipo de tela, siempre y cuando no sean demasiado delgados.

Sin embargo, hay que decir que se sigue recomendando que la gente común no utilice las máscaras de grado médico o biotecnológico (como los N95 y otros) ya que:

  1. No saben utilizarlas (ver abajo)
  2. Son máscaras diseñadas para usarse con equipo de protección integral
  3. Dado que su suministro es muy escaso, es preferible que sean reservados para los médicos, enfermeros y personal de apoyo en la primera línea de combate donde están los pacientes infectantes.
  4. Hay que recordar que los números de médicos contagiándose y muriendo por falta de equipo de protección siguen subiendo en todos los países afectados.

Argumentos en contra del uso “universal” de cubrebocas

En ese marco, el médico Xavier Tello alerta sobre el riesgo de que se eleve la contaminación cruzada y comparte algunos puntos a considerar antes de pensar que el uso generalizado de cubrebocas sea considerada como eficaz herramienta:

  1. Dan una falsa sensación de seguridad, que puede derivar en que la gente común se confíe:
    • que salga más a la calle
    • que deje de tomarse en serio guardar la sana distancia con otras personas.
  2. La gente con cubrebocas tiende a tocarse más la cara con las manos tan sólo por acomodarse constantemente el cubrebocas.
  3. La gente con cubrebocas tiende a hacerlo a un lado o moverlo al cuello para comer o beber o incluso mecánicamente cuando siente que le estorba. En ese momento, el cubrebocas ya se contaminó.
  4. El cubrebocas se humedece y ahí pierde total efectividad porque deja pasar el virus.

Con estas observaciones, podemos concluir que el uso generalizado de cubrebocas puede elevar el riesgo de contagio en vez de reducirlo, y eso es algo que tendría que tomarse en cuenta antes de recomendarlo ampliamente en México como ha sucedido en Estados Unidos.

Recordemos que el coronavirus SARS-Cov2 entra al organismo por la nariz, por la boca pero también por los ojos o la piel del oído externo. Es decir que usando cubrebocas sólo se cubre una vía y no se reduce el riesgo de contagio si éste llega por los ojos o los oídos.

Conclusión, las medidas siguen siendo las mismas

  1. QUÉDATE EN CASA
  2. Lávate las manos frecuentemente y evita tocarte la cara
  3. Si tienes que salir por causas de fuerza mayor, está bien que uses cubrebocas, pero debes hacerlo siguiendo las indicaciones de la OMS  1.

Y agregamos otras 5 relacionadas con cubrebocas

  1. Antes de ponerte una cubrebocas, lávate las manos con agua y jabón o un desinfectante a base de alcohol.
  2. Cúbrete la boca y la nariz con el cubrebocas y asegúrate de que no haya espacios entre tu cara y el cubrebocas.
  3. Evita tocar el cubrebocas mientras lo usas; si lo haces, lávate las manos con agua y jabón o un desinfectante a base de alcohol.
  4. Cámbiate de cubrebocas tan pronto como esté húmedo y no reutilices los que son de un solo uso.
  5. Al momento de quitarte el cubrebocas:
    1. Que sea por detrás, no toques la parte delantera del cubrebocas.
    2. Deséchalo inmediatamente en un recipiente cerrado.
    3. Lávate las manos con agua y jabón o un desinfectante a base de alcohol.

Consejos sobre el nuevo coronavirus: cuándo y cómo usar mascarilla

La información de la OMS en el documento “Consejos para la población sobre el nuevo coronavirus (2019-nCoV): cuándo y cómo usar mascarilla 1 propone:

Cuándo usar mascarilla

  • Si está usted sano, solo necesita llevar mascarilla si atiende a alguien en quien se sospeche la infección por el 2019-nCoV.
  • Lleve también mascarilla si tiene tos o estornudos.
  • Las mascarillas solo son eficaces si se combinan con el lavado frecuente de manos con una solución hidroalcohólica o con agua y jabón.
  • Si necesita llevar una mascarilla, aprenda a usarla y eliminarla correctamente.

Cómo ponerse, usar, quitarse y desechar una mascarilla

  • Antes de ponerse una mascarilla, lávese las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón.
  • Cúbrase la boca y la nariz con la mascarilla y asegúrese de que no haya espacios entre su cara y la máscara.
  • Evite tocar la mascarilla mientras la usa; si lo hace, lávese las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón.
  • Cámbiese de mascarilla tan pronto como esté húmeda y no reutilice las mascarillas de un solo uso.
  • Para quitarse la mascarilla: quítesela por detrás (no toque la parte delantera de la mascarilla); deséchela inmediatamente en un recipiente cerrado; y lávese las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón.

 

Imagen cortesía de ELIZAVETA ELESINA


Referencias

  1. ; Consejos para la población sobre el nuevo coronavirus (2019-nCoV): cuándo y cómo usar mascarilla; Organización Mundial de la Salud; Disponible en el URL : ; Consultado el 04/04/2020
  2. ; Recomendación sobre el uso de cubiertas de tela para la cara, especialmente en las áreas con transmisión comunitaria significativa; CDC ; Fecha de publicación 04/04/2020; Disponible en el URL : ; Consultado el 04/04/2020
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Escrito por

Directora General de Plenilunia, autora de la columna Salud y Negocios en el periódico El Economista, colaboradora sobre temas de salud en ADN Opinión en TV Azteca.

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