Discriminación por el color de piel

Anoté mi nombre en la lista de registro a la entrada del auditorio y me dirigí entusiasmada a la conferencia. De pronto, me detuve en seco. Había dos entradas, cada una de las asistentes debía elegir por cuál entrar. La del lado izquierdo decía “Prietas”, la del lado derecho “Güeras”.

No había lugar a confusión, mi lado de entrada era el izquierdo. Y aunque al igual que el resto de los asistentes iba riéndome por tan buena ocurrencia, debo confesar que me sentí incómoda.

De niña, me acomplejaba ser morena. Recuerdo con claridad las expresiones de la gente en la calle que detenía a mi mamá para chulear a mi hermanito: “¡Qué bonito güerito! Ay… y la niña le salió morenita, pobrecita”. Ahora sí que, literalmente, me traumé. Y al más puro estilo de Cri-Cri, me tallaba fuerte para ver si se me aclaraba la piel.

Mi papá, un morenazo que siempre ha sido muy atractivo, me mostraba sus brazos y me decía “Mira, tú y yo somos iguales, prietos; tu color de piel es muy bonita.” Desde entonces, en un afán por salvaguardar mi autoestima, me dice “mi prieta linda.”

Pero se ve que el trauma no se me borró del todo, porque hace no muchos años, un amigo de mi papá me llamó, en tono cariñoso, “Prieta”. Yo lo fulminé con la mirada y le dije: “Así sólo me dice mi papá”. La verdad es que no me sonaba lindo.

Luego, cuando nació mi hija, agradecí en primera instancia que estuviera sana, y en segundo lugar, que tuviera la piel y el cabello claros. ¡Qué horror! ¿Cómo podía alegrarme por algo tan banal? Dentro de mí me justifiqué: “Al menos ella no sufrirá en la escuela la discriminación de la que yo fui objeto”.

Mi segundo hijo salió más tostadito. Es un franco moreno de ojos conquistadores que me trae loca. Me parece lo más hermoso del mundo. Y me hace ver la tontería de mis temores. Prietos o güeros, la autoestima es la clave y esa no viene en la melanina.

El asunto es que hay una carga social y cultural aplastante en este tema. Dice Marisa Belausteguigoitia que México está muy dividido en clases y en colores.1 En nuestro país ser rubia, güera, es sinónimo de pertenecer a la clase alta, de superioridad -por eso la clienta siempre es güerita: “Pásele güerita, ¿qué le damos?”-, y ser morena, prieta, equivale a ser de clase baja, inferior -Es morenita, pobrecita…-. La discriminación implícita en esta manera de dividirnos es terrible y está muy arraigada. Los medios de comunicación retroalimentan esta noción con los estereotipos de belleza que siguen promoviendo.

Algo interesante a notar es que México es un mosaico multicolor de etnias. Eso de ser güero o prieto es muy reduccionista. Somos una mayoría mestiza y, por cierto, los “prietos” no somos los más discriminados… ¡qué decir de los afromestizos! ¿A poco sabías que en nuestro país -principalmente en Veracruz, Guerrero y Oaxaca- hay una población importante de personas con rasgos africanos? La discriminación es tal en este caso, que se han vuelto “invisibles”. Ni siquiera figuran en las estadísticas, donde sólo se divide a la población en: blanca, mestiza e indígena.

Todos sabemos que lo políticamente correcto es decir que el color de la piel no importa. Pero en este país eso es una mentira. No es extraño encontrar entre los requisitos para solicitar un empleo el socorrido “tez blanca”. Y aunque ésta es una realidad que tiene orígenes históricos y culturales, nosotros seguimos fomentándolo. Tratar de recobrar el orgullo de la raza me parecería un retroceso. No se trata de reivindicar a nadie por el claroscuro de su piel, como si la dignidad humana, el valor personal o la honestidad estuvieran en algún aspecto de nuestra apariencia.

¿Cuándo aprenderemos a vernos con algo más que los ojos? ¿Cuándo aprenderemos a sentir al ser humano que tenemos enfrente sin empañar la percepción con algo tan superficial como el color de su piel, de su cabello o de su mirada? ¿Cuándo dejaremos de preocuparnos por “mejorar la raza” y comenzaremos a ocuparnos en “mejorar la esencia”? ¿Cuándo?

V Coloquio Las Güeras y las Prietas: raza y género en la construcción de la ciudadanía.

Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG), Torre II, UNAM.
Consulta la convocatoria 2008 a partir de octubre, en: www.pueg.unam.mx o al teléfono 56 23 00 20 al 23.

Belausteguigoitia, Marisa en Mujeres y género en América Latina, Universidad Libre de Berlín, consultado en internet el 26 de mayo de 2008 (http://www.lai.fu-berlin.de/es/e learning/projekte/frauen_konzepte/projektseiten/frauenbereich/marisa/index.html)



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