Masturbación femenina

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Estimulación de los genitales femeninos

¿Qué tanto se masturban las mujeres? Durante muchos años se ha dicho que la masturbación masculina ha sido más común y conocida que la femenina a lo largo de los tiempos, y es correcto. Pero también es cierto que en las últimas décadas ha habido una tendencia a desvanecer esas diferencias.

A mediados del siglo pasado el Informe Kinsey sobre sexo revelaba que el 94% de los hombres y el 70% de las mujeres se había masturbado en algún momento de su vida; y que si bien los varones tendían a hacerlo con mucha mayor frecuencia en la adolescencia, las mujeres continuaban con la práctica de manera más sostenida a lo largo de sus vidas.

Tan sólo unas décadas antes de que se dieran a conocer estos datos, la estimulación de los genitales femeninos se interpretaba de dos maneras distintas: por un lado, se le veía como la causante de la histeria, la epilepsia y otros males, por lo que se recurría a la extirpación del clítoris para erradicarlos. Y por el otro, era justamente la cura.

A fines de 1800 los médicos recurrían al masaje vulvar de sus pacientes para provocarles una “crisis” denominada paroxismo histérico, después de la cual la afectada veía disminuidos los síntomas de ansiedad y congestión pélvica, entre otros. Incluso se llegaron a utilizar vibradores eléctricos ayudados de pequeños motores, que facilitaban la tarea a los doctores. Pero, obvio, no se adjudicaba ninguna connotación sexual al tratamiento, al menos de manera abierta.

Si hace 20 ó 30 años era poco común que una adolescente aceptara que practicaba el autoerotismo (incluso había mujeres adultas que ignoraban que la masturbación femenina fuera posible), hoy es mucho más frecuente oír a hombres y mujeres jóvenes aceptar que es una práctica común y natural que ambos llevan a cabo por igual. Y algunos números sugieren que cerca de la mitad de las mujeres se ha masturbado antes de los 20 años.

Los sexólogos afirman que el autoerotismo tiene muchos beneficios, empezando por que ayuda a que las mujeres conozcan mejor su cuerpo e identifiquen las zonas que les producen mayor placer, lo que después pueden comunicar a sus parejas para promover que los encuentros sexuales sean más satisfactorios.

De hecho, muchas mujeres logran alcanzar orgasmos con la autoestimulación pero no durante las relaciones sexuales. Muchas veces esto se debe a que cuando están con la pareja, el encuentro se centra en la penetración dejando fuera las zonas que suelen provocar más placer: en especial el clítoris. En cambio, en el autoerotismo, la mujer sigue su propio ritmo, toca las zonas que le son más sensibles y mantiene la estimulación de la manera y en los momentos que le son más efectivos. En pareja se podría lograr lo mismo, es cierto, pero para ello es necesaria la comunicación, el conocimiento y contacto con el propio cuerpo.

Podría pensarse que si la mujer puede satisfacerse ella sola, el deseo de tener encuentros con su pareja tendería a disminuir. No obstante, lo expertos en el sexo tántrico afirman que el efecto es completamente el contrario. Esto, porque la actividad sexual frecuente ayuda a mantener el deseo vivo. Es decir, mientras más se practica de forma satisfactoria dan más ganas de que la estimulación sexual se repita. De igual manera, estimular la energía sexual y tener un mayor contacto y conocimiento del cuerpo, ayuda a que se viva la sexualidad con más soltura y a expresarse más abiertamente con la pareja.

Para facilitar los orgasmos, o incluso sentir múltiplicidad de ellos, estos especialistas orientales recomiendan justamente empezar por conocer el propio potencial sexual, hacer una revisión de lo que se piensa y se ha aprendido al respecto; entrar en contacto con todos los sentidos y permitirse la sensualidad y el erotismo en pareja sin llegar al contacto directo con los genitales; y también, ponerse como tarea la autoexploración y conocimiento del cuerpo.

Tomarse un tiempo para sí misma en la intimidad, buscar un espacio cómodo e ir encendiendo poco a poco las sensaciones del cuerpo desde la cabeza hasta los pies, reconociendo la textura de la propia piel, las diferentes reacciones y los lugares que provocan sensaciones más intensas.

Una vez logrado el contacto con una misma y las propias sensaciones, afirman, los encuentros con la pareja tenderán a ser más prometedores.

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