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¡Cuidado!, el vértigo no es un simple mareo

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Los síntomas principales que identifican el vértigo son: náuseas, vómitos, sudoración o taquicardia, las cuales aumentan la sensación de malestar y movimiento. En ocasiones, los vómitos son muy repetidos y pueden hacer confundir el diagnóstico con problemas digestivos. Por ello, es importante recurrir a la asistencia médica.

El vértigo es causado por alteraciones en el oído, ya sea por un proceso inmunológico, traumático o por infección; esto puede suceder en el oído interno (aparato vestibular) o en las conexiones del sistema nervioso central, es decir, puede ser originado por un síndrome clínico, una lesión en el oído o como indicador de una enfermedad posterior. Por ejemplo, la esclerosis múltiple se puede manifestar en forma primaria como vértigo.

El vértigo es una de las sensaciones más desagradables que puede experimentar una persona. El vértigo es una patología en la que el paciente tiene la sensación de que el ambiente que le rodea gira a gran velocidad o de que el suelo se está hundiendo sin tener fin. Mareos constantes, nauseas, sensación de movimiento o giros es suficiente para determinar que se sufre de vértigo.

El problema radica que dicha sensación no sólo es momentánea, sino que puede llegar a durar horas o incluso días. Aún cuando la persona que padece de vértigo suele sentirse mejor si se acuesta y permanece inmóvil; sin embargo, el vértigo puede continuar incluso cuando no se mueve en absoluto.

Cabe señalar, que con frecuencia suele confundirse el vértigo con un simple mareo; por ello la importancia de establecer su diferencia. El Dr. Miguel D´Urzo, miembro de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, A.C. (FESORMEX), comenta al respecto: “El vértigo no debe confundirse con el mareo, que es una sensación de malestar anodina sin verdadera sensación de rotación, el cual puede darse por hipotensión arterial, hipoglucemia y ansiedad, entre otros”.

Tampoco debe interpretarse como desequilibrio, que es una dificultad para mantener el equilibrio, estando parados o al caminar, pero sin sensación de giro. El vértigo, en cambio, radica en algún problema en los órganos periféricos de los sentidos (ojos y oído) o en el sistema nervioso central. El movimiento puede incluir una percepción de que el entorno se mueve mientras el cuerpo permanece fijo (vértigo objetivo) o de que el cuerpo se mueve mientras que el entorno permanece fijo (vértigo subjetivo)”.

La incidencia del vértigo es de 17.4 casos por cada 1.000 habitantes, convirtiéndose en la tercera causa más común de consulta médicas en pacientes ambulatorios, luego del dolor del tórax y la fatiga. Aproximadamente, el 50% de los pacientes que recurren a una consulta médica por mareos, padecen de vértigo.

Respecto al diagnóstico más frecuente, el 73.3% de los afectados sufría el vértigo postural paroxístico benigno (se origina por un cambio de posición de manera brusca); un 18.3%, otros tipos de vértigo; el 5.4%, neuronitis vestibular (inflamación de los canales del oído interno), y el 2% vértigo de Meniére (enfermedad del oído interno); este último es considerado él más molesto, considerando en ocasiones la intervención quirúrgica para su cura.

Los tratamientos que ayudan a disminuir el vértigo no son iguales para todas las personas, ya que depende de las causas que lo originan y el grado del padecimiento. El 70% de los pacientes mejoran con un tratamiento médico y dietético adecuado, es decir, una dieta baja en sal y eliminación de líquidos; cuando este tipo de tratamientos no funciona, una de las alternativas es la aplicación de un antiinflamatorio que se inyecta a través del tímpano, que pasa al oído interno y actúa en las células del equilibrio. En caso extremo, se requiere de cirugía para corregir la asimetría del oído.

Si no se toman las medidas necesarias ante esta enfermedad, puede llegar a ocasionar la muerte. Mareo, nausea, sentimiento de movimiento no controlado mientras se maneja, camina o se está de pié, existe la posibilidad de sufrir un accidente irremediable.

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